ESPANA








Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Simpatía y autoridad

Semejante baile no recuerdo en una final. Baile le decimos en México. Ignoro si la palabra es de uso común en otros países para describir la superioridad de un equipo sobre el otro. En este caso no se trató de una superioridad pasajera. Fue una superioridad en toda la línea, en todas las líneas, desde el silbatazo inicial hasta el sonado 120 minutos después. Lo de España fue un recital. El equipo de ese señor que inspira tanta simpatía como autoridad, Luis de la Fuente, es un campeón de la dimensión de aquel otro señor que inspiraba lo mismo, Vicente del Bosque, en 2010.

No es España 2026 un equipo que recordemos por una gran figura. España será un equipo que recordemos como eso: un equipo. Inició el torneo a paso lento, pero conforme avanzaron los juegos, La Roja fue tomando su ritmo, para finalmente jugar como campeón de Europa y destronar y demoler y liquidar a la campeona del mundo, luego de haber dejado en el camino a la sub campeona Francia en la semifinal.

Argentina fue maniatada, sometida, puesta sobre las cuerdas. Pero algo tiene esa selección, que, a pesar del dominio de casi dos horas, y aun con un jugador menos todos los tiempos extra, tuvo para empatarlo, a puro empuje, a puro orgullo y corazón. Qué bueno que no pasó. No habría sido justo. Justo fue que el mejor equipo sea el campeón entre los 48 competidores, gracias al patadón de Ferran que partió el arco del hasta entonces invencible Dibu.

Después de la fiesta (desmadre) de diez goles que se aventaron el tercero Inglaterra y el cuarto Francia, lo de España y Argentina fue un digno cierre para la copa en la que vivimos tantos momentos para el recuerdo. Es el adiós de uno de los tres mejores jugadores de la historia, el gran Lionel Messi, envuelto en una polémica de redes destinada a empañar su grandeza, una grandeza de tal talla que solo Pelé y Diego caben en la discusión por el trono mayor.

Fue el español Rodri el mejor jugador del evento, y bien merecido, tan merecido como el Balón de Oro ganado hace un par de años. Y fue, el de hoy domingo, el último de los 104 partidos. Volvamos a la realidad. No queda más que, por lo pronto, sufrir la resaca por ausencia. Ya será dentro de cuatro años. Hasta entonces.