Diario del Tour(Julio 23/2026)


Por Néstor Cruz Tijerina
Richard Carapaz e Isaac del Toro se quedaron pasmados, midiéndose uno al otro, mientras un decidido Simon Yates los rebasaba y se marchaba en la mítica subida al Colle delle Finestre.
Así, en cuestión de kilómetros, ambos perdieron el Giro de Italia de 2025.
Al llegar a la meta, un Carapaz visiblemente molesto responsabilizó a Isaac por la derrota. El mexicano, más prudente, reconoció que simplemente no pudieron ponerse de acuerdo para trabajar juntos.
Y así nació un “pleito” que, más que entre los dos ciclistas, ha sido alimentado por las redes sociales y por los aficionados más recalcitrantes de ambos países.
Que si Del Toro todavía no es nada al lado de Carapaz. Que si el ecuatoriano ya está acabado y debería retirarse. Que si uno traicionó al otro. Que si el otro le regaló el Giro a Simon Yates.
La misma dinámica tóxica de siempre: convertir una situación deportiva en una guerra entre países.
Y esta confrontación tiene también antecedentes políticos. En abril de 2024, agentes de la Policía Nacional de Ecuador irrumpieron por la fuerza en la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien había solicitado asilo político. México rompió relaciones diplomáticas con Ecuador y el episodio provocó uno de los conflictos más graves entre ambos países.
Por si no bastara, el enfrentamiento reciente entre las selecciones nacionales de futbol volvió a encender memes, insultos y ataques entre mexicanos y ecuatorianos. Mucho ruido, muchas ofensas y absolutamente nada útil o propositivo. Solo una forma absurda de dividir a dos pueblos latinoamericanos hermanos.
En medio de ese contexto de confrontación, que parece interesar principalmente a los fanáticos políticos y deportivos más radicales, hoy Richard Carapaz levantó por segunda vez en su carrera los brazos como ganador de una etapa del Tour de Francia.
Lo hizo con su sello: Atacando.
A tres kilómetros y medio de la meta en Orcières-Merlette, el ecuatoriano aceleró, dejó atrás a sus compañeros de fuga y se marchó en solitario hacia una victoria contundente. Llegó 45 segundos antes que Mauro Schmid y consiguió su noveno triunfo de etapa en las tres grandes vueltas.
Carapaz ya estaba instalado en la historia del ciclismo mundial. Fue campeón del Giro de Italia en 2019, medallista de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio, tercero en el Tour de Francia de 2021, segundo en la Vuelta a España de 2020 y segundo en el Giro de 2022. Además, ha subido al podio de las tres grandes vueltas, algo reservado para muy pocos ciclistas.
Más que hacer una reseña de la etapa, que fue disputada por los integrantes de una fuga y no produjo cambios importantes entre los principales aspirantes al podio, quiero destacar la enorme hazaña que representan los ciclistas latinoamericanos.
En realidad, la hazaña de cualquier deportista de acá que logra sobresalir internacionalmente a pesar de las condiciones de nuestros países.
Lugares donde poco se invierte en el deporte. Donde los jóvenes están expuestos a todo tipo de adicciones, violencia y vida delictiva. Donde los atletas van a rogar apoyo a las oficinas de gobierno y generalmente regresan con las manos vacías.
Países donde las canchas, pistas y unidades deportivas suelen estar destruidas. Donde comprar una bicicleta medianamente competitiva representa un sacrificio enorme para las familias de los jóvenes talentos.
Países donde la televisión abierta, concesionada por el gobierno, transmite mayoritariamente futbol y casi nada más. Incluso hoy, en México, para ver legalmente el Tour de Francia es necesario contratar Disney+ o algún servicio de televisión de paga que incluya ESPN.
En ese contexto tan complicado, que surjan nombres como Richard Carapaz, Egan Bernal, Nairo Quintana, Isaac del Toro, Raúl Alcalá y tantos otros es prácticamente un milagro.
Son historias de tenacidad, talento y sacrificio que deberíamos aplaudir todos, porque las condiciones deportivas, económicas y de infraestructura que existen en Europa son muy superiores a las nuestras.
Por eso hoy, desde Ensenada, México, además de aplaudir y celebrar el gran triunfo de Richard Carapaz, hago un llamado a dejar atrás los pleitos y las discusiones estériles, propias de los fanatismos de otros deportes, donde también son bastante tontas, por cierto.
Desde aquel desacuerdo y aquellas declaraciones realizadas con el Giro todavía caliente, Richard e Isaac no han vuelto a enfrentarse públicamente. Se han limitado a ser rivales en el terreno deportivo y han mostrado la madurez suficiente para dejar atrás el episodio.
Esa misma madurez deberíamos tener nosotros.
Personalmente, siento orgullo de que uno de los nuestros, de este lado del Atlántico, haya construido una carrera tan impresionante en el ciclismo profesional europeo. Y de que todavía hoy, a sus 33 años, siga regalándonos exhibiciones tan bonitas como la de esta mañana.
Richard Carapaz es un espectáculo sobre la bicicleta.
Cuando aparece una subida, todos sabemos que atacará. Está en su naturaleza. Es esa hambre de competir y de ganar la que lo ha convertido en uno de los corredores más reconocibles y queridos del pelotón.
Bien por él.
Mañana comienza la verdadera cuenta regresiva del Tour. Viene la antepenúltima etapa: 127.9 kilómetros entre Gap y Alpe d’Huez, con 3,500 metros de desnivel acumulado y final en una de las montañas más legendarias del ciclismo. Ahí comenzarán a cerrarse definitivamente los lugares del podio.
La jornada de hoy sirvió también para observar que Isaac aparentemente está entero, o al menos en mejores condiciones que lo que muchos temían después de las especulaciones sobre una posible enfermedad dentro del equipo UAE.
¿Comenzará la batalla definitiva contra Remco Evenepoel y Paul Seixas? ¿O continuarán todos a la defensiva, esperando a ver quién revienta primero?
¿Atacará Pogacar para ganar por primera vez en Alpe d’Huez?
¿Tendrá Isaac las piernas para buscar algo más que defender su posición?
Sin duda será una etapa memorable.
Y aquí la estaremos reseñando.




