APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos

Por Marco Antonio Domínguez
Zurda con dedicatoria. Cuando el “Tyson” se quitó la bata hubo un murmullo.
El visitante no dejó lugar a dudas entre los asistentes: sobre el ring estaba uno de esos hombres que trabaja en serio, cuando menos en las pesas.
Y cuando empezó la pelea, el murmullo se convirtió en calma, una calma tensa, como esperando cualquier cosa, porque el “Tyson” demostró que, además de unas buenas horas en el área de pesas, trabajará en serio también sobre el cuadrilátero.
Así pasó el primer round, a cuyo término ni aplausos ni euforia.
Así empezó el segundo, parejo, con intentonas que amenazaban con diluir el festejo.
Pero el “Choko”, tal vez no tan trabajado en el gimnasio, pero en base a experiencia, disolvió las dudas, acabó con el silencio.
Un gancho al hígado, de esos que paralizan las piernas, que inmovilizan a cualquiera, incluso a un tipo con la fortaleza física del “Tyson” Camargo, puso fin a la historia antes de que sonara la segunda campanada.
Después de casi una década de más caídas que ascensos, la vida ha recompensado con el título nacional pluma a un hombre bueno, cuya izquierda, quedó comprobado, sigue tan letal como cuando Ramón lo tomó aún siendo un chamaco.
Unas miradas al cielo con el cinturón ya colocado a la cintura habrán llegado hasta su orgulloso mentor: misión cumplida, «Carita».
Pantalones y confusión. ¿Ya viste?, me preguntó mi compañero de butaca.
Sí, ya vi, contesté de inmediato, ante la presencia de lo que para mí era la figura de la noche hasta ese momento en el gimnasio municipal Óscar “Tigre” García, antes de que el “Choko” Hernández ganara el campeonato nacional pluma.
Toda esa gente le está pidiendo una foto, me comentó mi compañero de butaca.
Me imagino, hasta a mí me dan ganas de pedirle una foto, respondí.
Pero el pantalón está feo, me dijo mi compañero de butaca.
A mí no me lo pareció, todo lo contrario, para mí lucía perfecto.
El colorcito está fatal, me reiteró mi compañero de butaca.
Traté de ver bien a la distancia y la prenda en color blanco no me pareció que desentonara para nada, y así se le dije a mi compañero de butaca.
¿De verdad, alcanzas a verlo?, el pantaloncito rojo del “Kochulito” está horrible, insistió.
¿El “Kochulito”?, pregunté.
Sí, el Kochulito Montiel, el campeón, vino de invitado especial.
No lo veo, ¿dónde está?, respondí, tratando de encontrarlo.
A un lado de la chica de pantalón blanco, me informo mi compañero de butaca.
Candidatos. Al candidato a alcalde lo respetaron.
Ni un abucheo al profe.
Todo lo contrario.
No faltó quien se le acercara a felicitarlo como se le acercan a los políticos en todos lados: apretón de manos, después de cruzar el séquito de chalecos rojos hasta llegar a él.
Pero el candidato a diputado por la misma coalición (como llaman ahora a cualquier unión de apandillados), no corrió la misma suerte.
Cuando el anunciador de la función de boxeo presentó al candidato Reyes Ledesma sonó la única rechifla de toda la noche en el gimnasio municipal.



