APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Bien pescados. Cuentan que era una instalación atendida por el municipio. Pero un ex alcalde (cuando todavía era alcalde) se hizo de ella a través de un patronato que le daba todo el poder para decidir lo que ahí se hacía. Era un estadio de futbol en construcción al que por fin, después de muchos años, llegó un equipo profesional. Como los representantes de la autoridad municipal eran pasivos, incompetentes y distraídos, el patronato del ex alcalde les ganó terreno, se los comió, los devoró, los redujo a escombro y terminó disponiendo de todo lo que se organizaba ahí, siempre y cuando entregara ganancias. Y el que terminó pagando fue el equipo profesional que un día llegó ahí. Para empezar, una fracción del 40 por ciento de todo lo generado a depositar en la cuenta de los señores del patronato.
El maleficio. Es una aplanadora. Triunfos antes del límite. Superioridad aplastante. En cuatro juegos, cuatro victorias. Y en cinco, serán cinco. Eso seguro. No hay que ser adivinos. Todos los años es la misma historia. Lo que viene también es previsible. Chihuahua como prueba final. El desenlace es el que puede cambiar. Los lamentos por lo que no se hizo y las acusaciones del longevo tirano contra todos menos contra él, o la fórmula finalmente encontrada para romper la maldición. De no ser así, habrá que conseguir 19 años velitas para conmemorar el último campeonato nacional de beisbol de primera fuerza para Baja California.
Gajes. El reportero ha seguido la carrera del medallista en el mundial. Nadie más le había dado seguimiento, hasta antes de que consiguiera todo lo que ha conseguido. Sólo que ahora, como se ha convertido en noticia internacional por sus méritos, todos los reporteros de la región donde nació quieren entrevistarlo, conocerlo, saber quién es. El medallista en el mundial no es afecto a atender a los medios de comunicación. Lo hace porque son gajes de la profesión, pero hasta ahí. Pero la cacería continúa y llaman al reportero para preguntarle dónde está el medallista en el mundial, dónde lo localizan, a qué hora podrían verlo. El reportero desconoce esa información. No puede ayudarles. Su relación con el medallista en el mundial se reduce a lo profesional. Gajes de la profesión, pero hasta ahí.
Recuerdo azul. Nunca jugué a un nivel siquiera rescatable. Era simplemente un bateador de contacto en los juegos de secundaria o del barrio. Siempre ocupé la primera base. Mi brazo era limitado y me gustaba esperar las rolas fuertes bateadas por los zurdos o estirarme para cortar del disparo llegado desde cualquiera de los otros puntos del infield. Había un montón de peloteros legendarios, por aquellos principios de los ochenta, a quienes podía tomar como inspiración. Reggie y Rod Carew habrían sido dos buenos ejemplos si de poder o inteligencia en la caja de bateo se trataba. Sin embargo, ni ellos ni cualquiera me inspiraba como ese elegante primera base cuyo porte enaltecía el juego. Su modo de recibir la pelota en la inicial y el estilo inconfundible para lanzarla cuando sacaba un out, como dejando levantado el dedo meñique para aderezar con clase la acción. Y luego cuando se paraba a batear era otro espectáculo: erguido, con la madera en todo lo alto, en espera del lanzamiento. Tal vez no consiguió lo que otros, ni llegará al Salón de la Fama. Pero algo dejó en tantos fanáticos ganados por los Dodgers de Los Ángeles entre los años setenta y los ochenta. Y cuando veo al “Titán” en primera base, ahora que ha vuelto la bonanza a Chávez Ravine, cuando menos para mí, es imposible no recordar al gran Steve Garvey con su impecable gorra azul sellada con la L y la A entrecruzadas.




