APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
En «La Cantina». Así se llama el lugar. «Y hay 2×1», me dice el mesero. Es la tarde de Noche Buena y para hacer tiempo mientras me dirijo a la cena familiar, me he metido a ese bar sobre la calle primera para tratar de engañar al hambre con ese par de cervezas ofertadas. Hay turistas y parejas que engañan el hambre de otra manera. Ellos devoran nachos y burritos y fajitas y cuanta mutación se les vende a los fuereños con etiqueta de «mexican food». Así que busco en qué centrar mi atención para no caer en la tentación. Y de modo natural, acabo depositando la mirada donde están depositadas las de la mayoría de los presentes: en dos de las tres pantallas empotradas encima de la barra. Todos quedamos como hipnotizados frente a las imágenes, con gestos de compasión, incredulidad, morbo y hasta impotencia. Nadie parpadea hasta que mandan a comerciales. Entonces se escucha: «En eso del Vale Todo, si el tipo no se rinde, lo matan, ¿o cómo?». Es un hombre indignado por lo que ve en la pantalla más cercana: «Lo mejor de 2013 en la UFC». Regresando del corte, el mismo hombre se acomoda, y como poseído, sin poder separar la mirada del televisor que proyecta la carnicería, llama al mesero y pide su siguiente 2×1.
Verdades. A decir verdad, la chaparrita se lució en el festival navideño. Bailó con gracia y a la vez ejecutó con maestría una rutina en eso que los gimnastas llaman «piso». La anunciaron como una de las dos mundialistas invitadas a Ensenada: Alexa. Poco antes, había pasado por ese mismo escenario la otra mundialista: Amaranta. A decir verdad, la bella y talentosa gimnasta, sólo cumplió. Dos o tres pasitos de baile, una ejecución breve en eso que las gimnastas llaman «barra asimétricas» y listo. Aplausos y punto final. Terminado el acto, el proceso de rigor. Amaranta, ¿me permites entrevistarte? Y ella: Sí. Y de ahí respuestas amplias y generosas sobre el mejor año de la carrera de esa gimnasta que, a decir verdad, es tan bella y talentosa. Y después de cumplido el trámite con ella, el otro trámite obligado: Alexa, ¿me permites entrevistarte? Y ella: Es que ya me voy, no me gustan las entrevistas. Y de ahí escapó esa gimnasta que, a decir verdad, es tan… chaparrita.
Salado y moroso. El presidente de la Liga Municipal de Beisbol descansa, por fin tiene un respiro cuando se acerca la navidad. Le rentan el deportivo Antonio Palacios para un evento musical. Lo que nunca: el presidente de la Liga Municipal no sólo responde a sus acreedores, sino que él mismo les regresa las llamadas. «Hay un concierto el viernes, con lo que salga de ahí, les pago». Llega el viernes, pero con el viernes llegan unas nubes terribles que bañan el deportivo Antonio Palacios como bañan todo lo bañable en Ensenada. El concierto cambia de sede. Lo llevan a un lugar techado. Llega la navidad y con la navidad renacen las costumbres arraigadas. Lo de siempre: el presidente de la Liga Municipal no responde a sus acreedores. Obvio, tampoco les regresa las llamadas.
Afectos. Lilia como nueva, sana, con ese aire incluso mucho más juvenil que el de nosotros, cualquiera de sus tres hijos. Anael y Marco Iván cada día más arraigados acá dentro, en el corazón de papá. Los hermanos de sangre, Ángel y Francisco, así como el hermano menor elegido por unanimidad y sin necesidad de mayor trámite que su lealtad, Alejandro, con sus familias y sus carreras profesionales bien sólidas. Y yo, con ese panorama entre mis afectos, qué más puedo pedir. Para mí, en realidad, es un día como cualquier otro, con la diferencia de que la fecha siempre facilita la rúbrica: «Feliz Navidad».




