APUNTES PERDIDOS


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Personaje a la medida. El periodista no tiene tema ni protagonista para su columna. Pretende escribir algo divertido, que entretenga al lector. El tiempo se viene encima y escarba entre las noticias de actualidad para rescatar algo, lo que sea, mientras la hora del cierre de edición amenaza como cada semana. El periodista ve pasar los minutos primero y las horas después sin que llegue ese personaje humorístico que le ayude a cumplir el cometido. Cuando está a punto de cerrar la ventana donde mantiene activada la red social, derrotado frente a la falta de inspiración, suena el aviso de un nuevo mensaje: “te dijo homosexual”. El emisario es un colega que reporta el halago dedicado al periodista. “También dijo que no te da entrevistas porque te la pasas tirándole” y que “está esperando encararte para desmentirte públicamente porque lo acusas de ser un ratero y eso se lo tienes que comprobar jurídicamente. Y volvió a decirte homosexual”. El periodista lee ansioso cada línea escrita a través del chat por su colega, que, como testigo desde la “Frontera”, le cuenta lo escuchado por el altavoz del radio sostenido por el editor del diario, mientras ambos, divertidos en la redacción, detienen la carcajada frente a las expresiones desaforadas de ese pobre hombre enloquecido y paranoico que escupe lamentos lastimosos del otro lado de la línea. El colega del periodista continúa su relato y le dice que la estridencia apunta su pico más alto cuando el personaje, desgañitándose, advierte que “ya se ha asesorado con un abogado porque dice que te estás metiendo con su persona y tomará medidas legales”. El periodista y su colega, así como el editor del diario, quien se encuentra “Armando” la sección, ríen e ironizan sobre cada ocurrencia de ese tipo caricaturesco que pretende intimidar a sus críticos pensando que puede tratar a todos como trata a los subordinados que le soportan, sumisos, cada uno de sus delirios. Entre ellos bromean sobre la referencia a la supuesta orientación sexual del periodista, que en realidad es heterosexual pero que no tendría problema alguno en admitir si fuera homosexual o bisexual o lo que sea, ni entiende que alguien que ostenta un cargo como el del quejumbroso que lloriquea detrás del radio, utilice tal argumento para descalificar a cualquiera. El colega le ha caído del cielo al periodista, como un “Ángel” cargado de información valiosa para completar esa columna trunca que ha encontrado tema y protagonista central: un cacique de pacotilla, dictadorcillo, tiranuelo y además… homofóbico. El periodista también lo ha bautizado. Y ha elegido un nombre de pila ridículo para su personaje. Lo ha llamado Freddy.




