APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Y después del caos… Accede a cualquier entrevista sin esconderse. Encabeza los anuncios de obras en beneficio del deporte con su intervención directa a la hora de asignar los espacios donde recaerán las inversiones en base a las peticiones recibidas con antelación. Recibe a los promotores deportivos que lo buscan en su oficina y el personal a su cargo se expresa de él en términos elogiosos. Hasta por su nombre lo llaman, Miguel, con la confianza ausente hace todavía un par de meses. Y lo increíble, lo que nunca: el alcalde lo respeta y lo toma en cuenta cuando se trata de tomar decisiones en la materia. Nadie se explica lo que está pasando en la oficina del deportivo Juan Abelardo Rodríguez Sullivan. Su titular parece estar fuera de perfil. Cuando menos del perfil heredado por sus antecesores inmediatos. Y por más que uno lo dude, sí, se trata del director de Inmudere.
Coincidencias generacionales. Juan Manuel y Alfredo coincidieron en el equipo profesional de su ciudad, los Delfines, a mitad de los años ochenta, cuando ambos eran un par de jóvenes peloteros; el primero como lanzador y el segundo como bateador.
Años más tarde, Juan Manuel y Alfredo cruzaron sus caminos y el encuentro tuvo como resultado el equipo de beisbol de la Liga Norte de México, Marineros, desde 2005; el primero como presidente y el segundo como gerente deportivo.
Actualmente, Juan Manuel y Alfredo planean el trabajo de sus equipos para el torneo de la Liga Norte de México, donde continúan caminos paralelos; el primero aún como presidente de Marineros de Ensenada y el segundo, después de peregrinar por organizaciones del mismo circuito, como gerente deportivo de los debutantes Langosteros de Rosarito.
El fin de semana el encuentro de Juan Manuel y Alfredo tuvo como escenario la grada del campo de beisbol donde seguían con fervor el desempeño de un par de jugadores en especial, ambos representantes de Ensenada en la etapa estatal a Olimpiada Nacional; el primero atento a lo que hacía el joven que bateaba bajo el nombre de Orlando Arellano y el segundo pendiente de lo que hacía el lanzador subido en el montículo, llamado Alfredo Peralta Jr.
Pericia a prueba. Hablar se le da. Y lo hace sin prisa. Explica, detalla, paso por paso. Y cuando habla, bien lo sabe, cada comentario significa una potencial nota informativa. Está en la pericia de los reporteros convocados capturar las primicias que suelta a modo de charla entre amigos, o, como lo hace la mayoría de ellos, sólo reposar la comida ofrecida y esperar la rifa de regalos. Lo seguro es que si visita la plaza, Saúl, el director del INDE, habrá notas seguras por cuando menos una semana.
Mucha delegada. Piensas en más adjetivos, además de amable, atenta y capaz, para apuntarlos en esta especie de listado cuya intención es ilustrar el concepto que de ella tienes. Y entonces vienen a tu mente: institucional, solidaria y líder. Ser humano excepcional. Pero no pretendes extenderte. No es necesario. Las palabras sobran cuando al destinatario del mensaje sólo le encuentras virtudes. Por eso decides rubricar esta especie despedida a la ex delegada del INDE en Ensenada, diciéndole sólo lo necesario: se te extrañará, Chuyita.
Náusea. Lo siento. De verdad. Sé que sus expectativas sobre esta columna eran otras. Pero, cuando menos para mí, ya fue suficiente por esta semana. Cuando el estómago se revuelve con sólo retomar el tema, es momento de oxigenarse, de encontrar a los buenos, que son mayoría, y dedicarles el espacio secuestrado en fechas recientes por los malos, que son minoría. Lo reportable, reportado está. El beisbol estatal se encuentra convulsionado. Y cuando algo está convulsionado, tarde o temprano algo ha de pasar. Por lo pronto, a esperar.




