Marco Deportivo :: Libertad de holgazanería

A las ocho en punto, justo a las ocho, sonó el radio y contesté. Era mi compadre Alex preguntándome si iría al desayuno “para festejar el día”. Todavía dormido le dije que no, que quería seguir descansando. En realidad no recordaba ni qué día era, ni qué se festejaba. Traté de dormir un poco más, pero no lo conseguí. Entonces me bañé, desayuné algo ligero e hice tiempo: el primer evento del día lo tenía programado a las doce. Adelanté material de rezago, luego ingresé a Facebook, charlé con algunos “amigos” y escuché música en you tube. Sentado frente a la computadora revisé correos y en eso me dieron las once y media. Salí de casa, me dirigí al Centro de Alto Rendimiento, tomé nota de la nueva inversión en las canchas de Frontón y me fui de ahí a la una. A esa hora pasé por mi hija a la escuela y le dije que no me vería en toda la tarde, porque tenía mucho trabajo. El comentario le causó gracia y me dijo –como dudando de mi carga laboral–: tengo piñata y mamá trabaja, o sea que tú tienes que llevarme dentro de un rato, a las cuatro. Comimos e hicimos tarea, nos dieron las tres y media, así que ya era hora de partir a intercambiar dinero por fichas en la pizzería. La dejé con sus amigas, salí a la explanada de la plaza, donde revisé el material ya redactado. Sentado ahí, en espera de que la fiesta terminara, escribí dos o tres notas más para cumplir con casi toda la cuota diaria. La celebración infantil terminó, regresé a la niña a la casa y llegué al periódico alrededor de las siete. Gabriel, mi editor, recibió el material minutos después. Como faltaban más de dos horas para que terminara el juego de los Marineros, me fui del periódico a buscar un café. Regresé después de las nueve y el juego de beisbol finalizó cerca de las once. Cuando eso sucedió, ya había terminado esta columna y con ello concluía mi “extenuante” jornada. Así fue mi Día de la Libertad de Expresión. Yo sé que no muchos colegas tendrían el valor (o el cinismo) de describir de esta manera su labor cotidiana, e incluso algunos se ofenderán por mi atrevimiento de poner en tela de juicio la imagen de “mártir absorbido por un oficio ingrato” que se proyecta desde el gremio cada 7 de junio, pero no importa, igualmente los felicito: nos une la vocación de informar, de contar historias y, sobre todo, de holgazanear buena parte del día.
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