Se llama Alec y su debut peligró por un momento.

Papá y mamá no contaban con que el turno de su presentación sufriría modificaciones hasta poner en riesgo el gran acontecimiento, el día esperado por tanto tiempo.

El programa con los horarios estuvo a punto de jugarles una mala pasada: se adelantó.

Pero los organizadores ajustaron los tiempos y finalmente papá y mamá alcanzaron a llegar unos segundos antes, a paso veloz, para su estreno ante la sociedad deportiva de la ciudad.

Tal prisa no era para menos.

Desde que papá y mamá supieron que nacería, la agenda de Alec ya tenía apuntada, en carácter de prioridad, esa cita.

Por eso, en cuanto llegaron, se acomodaron al frente del contingente.

Alec tenía que estar presentable y, antes de salir, mamá hasta lo peinó pasando su mano por sus delgados cabellos rubios y sus ojos grandes heredados por ella, además de ver con devoción su nariz y su boca, heredados por papá.

Entonces, escucharon el llamado: ¡en sus marcas, listos, fuera!

Al sonar la orden de salida, Alec, conducido por mamá, recorrió metros, serio, inexpresivo.

En un tramo mamá aceleró el paso, mientras papá los perseguía emocionado disparando su cámara.

Mamá seguía acercándose a la meta, eufórica, sonriente, a pesar del calor y los metros avanzados.

Papá los correteaba muerto de risa, orgulloso, captando las imágenes para el álbum familiar.

Y Alec, aún, serio, inexpresivo.

El trayecto terminó.

Mamá festejó la llegada a la meta.

Papá los recibió amoroso.

Y Alec igual, serio, inexpresivo.

Al cruzar la meta, amigos y familiares se acercaron a ellos para dedicarle palabras elogiosas al debutante de mejillas rozagantes.

Papá y mamá agradecieron las muestras de afecto.

Mientras tanto, Alec continuaba serio, inexpresivo.

Papá tenía que trabajar ahí mismo y así lo hizo.

Mamá decidió esperarlo y Alec tuvo que hacer acopio de paciencia por casi tres horas más. En ese periodo papá y mamá se divirtieron con el ambiente de fiesta que predominaba en un escenario cubierto a su máxima capacidad.

Para tratar de contagiarle su ánimo, papá y mamá llevaron a Alec con las botargas, esos hombres disfrazados de figuras animadas que no lograron animarlo ni quitarle lo serio, lo inexpresivo.

Seguramente en la próxima edición, ya con año y medio, Alec superará la experiencia del debut y expresará con sus habituales sonrisas la alegría de compartir ese domingo en familia.

Por lo pronto, papá y mamá vivieron una de sus mejores experiencias viéndolo por primera vez como participante oficial de la carrera “Corre Niño Corre”.

mdominguez@elvigia.net

md_niebla@hotmail.com







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