Marco Deportivo :: Trabajo en familia

Me dijeron que era el mejor, que buscara una cita con él. Era martes y ya presentaba una inflamación notable, acompañada por una lesión en la piel, a un costado del párpado. Tomé el directorio telefónico, encontré el número y llamé de inmediato, pero me informaron que el doctor tenía agenda llena hasta la próxima semana. Sin embargo, decidí ir hasta el consultorio para que la asistente viera el estado de mi ojo derecho. En cuanto llegué me reitero lo dicho por teléfono minutos antes: hay consultas hasta la próxima semana. Pero cuando levanté los lentes de sol para que comprobara lo que escondía detrás de ellos, cambió de opinión: déjeme ver si el doctor lo puede atender. Regresó en el acto para informarme que sí, que en unos minutos más me vería. Le agradecí y en eso salió la esposa del doctor para tomarme los datos y el historial del padecimiento. Luego pasé al consultorio donde el doctor ya me esperaba. No sé si a toda la gente le suceda, pero yo siempre he considerado que la primera impresión es decisiva para confiar en el médico en cuyas manos pondré mi salud. En este caso, supe desde el primer momento que la recomendación que me hicieron fue acertada. Ungüento, gotas y antibiótico. El sábado regresas para ver cómo sigues, me dijo el doctor con tono optimista y una seguridad que reforzaron mi confianza en el diagnóstico. Cuatro días después, cuando regresé al consultorio, el ojo derecho ya estaba casi a la par que el izquierdo. Ese día volvió a recibirme la esposa del doctor, en esta ocasión haciendo equipo con su hija en la atención a los pacientes. Después el doctor me hizo pasar y al verme detectó que el tratamiento iba por buen camino. Me revisó, me recomendó seguir las instrucciones por unos días más y me dio de alta. Me despedí del doctor, de su esposa y de su hija, los tres unidos en un sólido equipo familiar. Entonces pensé que el entorno del gimnasta número uno de México y serio aspirante a clasificar a Juegos Olímpicos, Daniel –el menor de la familia, el hijo del doctor Enrique y la señora Gloria, el hermano de Allyn–, está en las mejores manos. Por cierto, el sábado olvidé decírselo en persona, así que, aunque un día tarde, lo hago por este conducto: feliz día del padre, doctor Corral.
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