Marco Deportivo :: El sol que estuvo ahí

El sol se asomó como a propósito.
Iluminó justito, ni más ni menos.
Acudió a tiempo a la cita en Valle Verde para ambientar la mañana de estrenos.
El anuncio ya todos lo conocían: inauguración de una nueva liga de beisbol infantil y juvenil, “La Instruccional”.
Sobre el terreno de juego más de 15 equipos, todos puntuales, todos uniformados, todos bien disciplinados, coloreando la postal.
Sobre las gradas, cientos de papás emocionados como testigos de la imagen.
Y en medio, por detrás del home, la mesa de honor.
Autoridades, las más importantes. Directivos y promotores, los más experimentados. Jugadores profesionales, los mejores que ha dado la ciudad.
Y ahí, entre todos ellos, los seis con el rostro tenso, los seis, Alonso y Berenice, Javier y Esther, Sergio y Angélica, con las gafas oscuras cubriendo los ojos delatores, en espera del momento, mezcla de orgullo y angustia.
Entonces, las primeras palabras anunciándolo a él, anunciado el nombre del nuevo torneo.
El maestro de ceremonias matiza con habilidad cada una de las sílabas mencionadas hasta invadir a todos con la nostalgia del momento, del recuerdo: fue un niño talentoso, un beisbolista infantil destacado, un prospecto, una promesa.
Al mismo tiempo, Alberto, el manager y promotor del homenaje, corre presuroso, aconseja a sus peloteros, les ordena qué hacer para cumplir con el amigo que se fue cuando apenas empezaba a vivir, a los nueve años de edad.
La estructura acostada sobre el montículo del campo de beisbol es levantada en ese momento, los chiquillos y su manejador la toman con cuidado, después la descubren.
La imagen lo muestra tal cual: un beisbolista captado en plena acción, en cuya camisa dice “Ensenada”, selección de Ensenada, para ser exactos.
Todas las miradas se unen en ese punto, exactamente ahí, donde él aparece enfilado para emprender carrera, expectante a lo que sucede con el compañero que seguramente estaba en la caja de bateo cuando su estampa quedó capturada en esa fotografía.
Los pesados tragos de saliva, los nudos en la garganta, acompañan el vuelo de palomas blancas y el descubrimiento de la fotografía con su nombre grabado sobre la base: Alonso Hernández Palafox.
Sus padres Alonso y Berenice contagian, unen, solidarizan, enternecen, sensibilizan, de la misma manera que lo hacen los abuelos maternos y paternos: Javier y Esther, Sergio y Angélica.
Los discursos, los desfiles, las arengas, los juramentos, finalizan.
El acto concluye.
Se escucha el grito de ¡playball!
Hora de jugar.
En ese momento, el sol arrecia, ilumina aún más.
Alonso no podía perderse su momento.
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