Marco Deportivo :: La foto con el medallista

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El político se dirige al evento agendado a las seis en punto. En el camino, mientras revisa su saco y su corbata, echando un último vistazo al espejo, repasa sin entusiasmo el guión que le prepararon y confía en que sus tablas lo sacarán adelante. Llega puntual y entra al lugar de la cita con la sonrisa que lo caracteriza. Primero saluda al homenajeado y luego dedica un gesto amable a las personas reunidas a su alrededor en el viejo gimnasio. El ambiente al principio es tenso. El político se esfuerza por romper el hielo contando anécdotas vividas junto a algunos familiares del joven que lo escucha atento en espera de que el momento fluya y de una vez por todas le entregue lo que le tiene que entregar. Después de su monólogo, el político tose levemente preparándose para entrar a la parte clave de la ceremonia. Al instante, sus asesores le hacen llegar una serie de hojas en las que le han apuntado, a modo de acordeón, las hazañas deportivas del chico que lo escolta. Mientras lee algunos datos (que no necesariamente son correctos) sobre la trayectoria del personaje al que está a punto de reconocer, titubea y al mismo tiempo se asombra del contenido de los que en ese momento ya son pedazos de papel mal doblados. La mayoría de los presentes están enterados de los triunfos del deportista que el político parece apenas estar conociendo, de acuerdo al énfasis que pone tanto en sus gestos como en sus palabras cuando repasa uno a uno los éxitos descritos en el documento cubierto por letras grandes en “negritas”. Finalizada la lectura, el político dice que siguió la trayectoria del ahora célebre paisano en los Juegos Panamericanos de Guadalajara y agrega que se emocionó con las dos medallas de oro que consiguió. Ninguno de los presentes lo imagina sentado frente al televisor sufriendo con el esfuerzo del gimnasta en el caballo con arzones o en las barras paralelas, pero todos fingen creerle. El político culmina su intervención y suenan los aplausos de padres de familia, entrenadores y gimnastas, todos orgullosos de tener de regreso en casa a Daniel, el doble medallista de oro en Juegos Panamericanos. Durante la ceremonia, han estado presentes dos acompañantes que, como todo político, lleva consigo el alcalde Pelayo. Antes de despedirse los llama para que capten, con las cámaras que han estado activando sin cesar, el instante cumbre del acto. Entonces el gimnasta, cuyo esfuerzo de años –sumado al respaldo moral y económico de sus padres– por fin empieza a ser recompensado con triunfos de trascendencia internacional, posa para la foto con el político en turno, el presidente municipal al que recién conoció esa tarde.

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