Lo vi a unos metros de distancia. Iba acompañado, como siempre, por su inseparable pareja. Faltarían pocos minutos para las diez de la noche, ya tarde, tal vez la hora más cómoda para hacer las compras sin tener que sortear las largas filas. Caminábamos de forma paralela, aunque con destinos diferentes, por eso al principio no lo vi. Yo estaba a punto de ingresar a una tienda de artículos para oficina, ubicada junto al super mercado al que él entraba. Voltee por instinto y alcancé a verlo de manera fugaz. Cuando mi vista lo alcanzó, él ya cruzaba las puertas corredizas del establecimiento, mientras ella, su inseparable pareja, conducía el carrito para depositar las compras. Mi primer impulso fue alcanzarlo, charlar con él, preguntarle por el torneo que se jugaba durante esos días, por sus favoritos, por todos esos temas que hemos platicado en algún encuentro casual: yo como aprendiz ávido de escucharlo y él como el maestro apasionado que es, siempre secundado por ella, ya convertida, también, en una especialista en la materia. Pero finalmente desistí. Sé, porque lo he visto cuando es saludado por la gente que lo reconoce, que hubiera respondido amable, atento al encuentro. Sin embargo, entendí que si acudía a surtir su despensa a esa hora, lo menos que deseaba era ser abordado. Entonces, contuve el deseo de comentarle que he recibido correos electrónicos de periodistas argentinos, norteamericanos y nacionales, tanto de Fox Sports como de ESPN y Televisa, que me contactan para encontrarlo, porque han leído en la red algunas columnas en las que lo he referido. También contuve el deseo de saludarlo con la misma emoción de aficionado que experimento cada vez que lo veo, ya sea por televisión o en persona, desde hace más de treinta años. De eso harán dos meses, aproximadamente. La semana pasada pensé que podría sacarme la espina de aquella intentona contenida cuando lo anunciaron como uno de los invitados especiales a la inauguración de un complejo diseñado para formar tenistas en Ensenada, la ciudad cuyo nombre él ha paseado por el mundo por tantos años. Pregunté por él ese sábado y me dijeron que recibió la invitación, la agradeció, pero prefirió no acudir porque, por el momento, pretende mantenerse al margen de cualquier evento público, aunque se trate del deporte de sus amores. Hasta ahí pregunté, no quise ahondar más en los motivos de su decisión. Sólo espero volver a encontrarlo tal como aquella noche, de forma casual, para estrechar su mano y, si él acepta, platicar un poco del torneo de tenis que se juegue en ese momento. La charla será breve y quedará entre nos. Prometido, Raúl.

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