Marco Deportivo :: La chica del box


Era la estrella del show. Su figura y sus acrobacias al centro de la pista acaparaban las miradas masculinas cada noche. Toda una especialista. “Mística” se hacía llamar. Cuando subía al escenario hasta sus colegas detenían los deberes laborales para ver el espectáculo. Morena, tipo asiático, cuerpo atlético trabajado en el gimnasio, para estar a tono durante la exigente rutina acrobática, con la réplica de la Torre Eiffel como fondo. Acudir al lugar sin ver a “Mística” era como no haber acudido. Su fama trascendió de inmediato, por eso cuando el organizador de la función de box –y también titular del deporte de la ciudad– le solicitó al jefe de servicios médicos que le enviara a “lo mejor de lo mejor” entre su clientela, éste no tuvo dudas: “te mando a “Mística” y a otra chica”. Apenas habían transcurrido dos o tres peleas preliminares cuando las competidoras del concurso “Chica Ring Side” provocaron los primeros silbidos mientras se alistaban para empezar su rutina. Un round para cada una. Ese fue el trato. Así transcurrió la noche de boxeo, hasta que llegó el momento cumbre: ronda final del concurso “Chica Ring Side” antes de llegar al clímax del evento: la pelea estelar. Entonces el maestro de ceremonias llamó a las dos anunciantes de cada round. El primer turno fue para la otra chica. El segundo turno fue para “Mística”. Nada para nadie. Segunda y última ronda de desempate. “Mientras menos ropa, más aplausos”, dijo el maestro de ceremonias, aconsejado por el organizador de la velada boxística, que era acompañado por su jefe, el presidente municipal de la ciudad. El primer turno fue para la otra chica, que, obediente, siguió las instrucciones al pie de la letra y, retirada la parte superior de su atuendo, arrancó la ovación más sonora hasta ese momento. El segundo turno fue para “Mística”, que, también obediente, siguió las instrucciones al pie de la letra y, retirada la parte inferior de su atuendo, arrancó la ovación más sonora de toda la noche. Ganadora absoluta. Cuatro mil pesos por ganar el “mano a mano”, más los tres mil que cobró sólo por presentarse: siete mil pesos en total para ella (más tres mil para la perdedora), puntualmente pagados por la administración municipal que “vivía con sentido”, cuyos titulares devoraban con la mirada a las protagonistas de la disputa (ya al otro día se darían golpes de pecho, “ofendidos” por la escena que agredía los valores de su sacrosanto partido). “Mística”, al instante, posó con su cheque para las lentes –más serviciales que nunca– de los fotógrafos antes de salir aprisa del lugar, justo cuando el público femenil, ya enardecido, reclamaba frente al alcalde el espectáculo recién mostrado sobre el ring. El escándalo político-deportivo catapultó aún más la fama de la ganadora. Cuentan que, después de cinco años, todavía hay quienes llegan al lugar y preguntan por “La Chica Ring Side” que escandalizó a la ciudad durante aquella función de boxeo. Pero, de repente, un día cualquiera, “Mística” no volvió más. Gajes del oficio, dice un mesero, ex compañero suyo.
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