Marco Deportivo :: La historia completa

El escudo, la verdad, nunca me ha gustado.
La mascota mucho menos: los ladridos y los seres que los emiten siempre me han provocado cierta repulsión.
El estadio, sigue incompleto, es una obra negra, insuficiente en relación al tamaño de la demanda cada vez mayor.
La cancha, con su pasto sintético, no es ideal, por el contrario, los juegos no son lo mismo que sobre una superficie natural como sucede en los grandes escenarios del mundo.
La historia del terreno en el que está ubicado el estadio, digamos que no es precisamente inmaculada u honorable.
El señor que se sienta en el palco de honor, a cuyo paso todos hacen reverencias, no es alguien a quien confiaría, por ejemplo, mi voto (de la misma manera que tampoco se lo confiaría a sus rivales políticos que, torpes, dan palos de ciego en su contra).
El festejo de cada gol, con la cerveza en pleno vuelo mojando a niños, mujeres y adultos de todas las edades, me parece irrespetuoso y falto de educación.
Como aficionado tengo una convicción firme, un equipo con el que me identifico y al cual no cambiaría por sentimentalismos regionales.
Pero soy periodista y no puedo dejar que todo lo anterior influya en mi crónica o la predisponga.
Escribo todo lo que veo y ayer empecé a ver cosas desde muy temprano.
Alrededor de las nueve de la mañana, la tienda de autoservicio a la que llegué con mis compañeros, aún en Ensenada, contaba con una fila de clientes vestidos con camisas negras o rojas, dispuestos a viajar más de cien kilómetros.
Saliendo de la tienda ubicada en El Sauzal cruzamos el retén ubicado en la primera caseta a Tijuana, donde los militares que lo resguardan resultaron ser aficionados participativos e interesados en el juego al que nos dirigíamos.
Ya en Tijuana, después de compartir la carretera con automóviles cuyos cristales y defensas lucían calcomanías con la figura del can de cuello erguido, estacionamos el auto a un costado del estadio donde todo, absolutamente todo, estaba pintado de rojo y negro.
A nuestro paso por la zona de estacionamiento del estadio, la gente de Ensenada que encontramos allá nos saludó identificándonos por el nombre del medio para el que trabajamos.
Al interior del estadio, las gradas ya estaban ocupadas en su totalidad, además de que cientos de aficionados estaban parados en la parte superior de las mismas, ya sin butaca pero fervorosos de ser testigos del acontecimiento.
El responsable del sonido local mencionó los nombres de los municipios del estado y después de Tijuana los decibeles subieron con mayor intensidad cuando fue saludada la afición de “¡Ensenada!”.
Al final, los locales perdieron de manera contundente el juego entre líderes ante uno de los mejores planteles de los últimos años.
Santos puso las cosas en orden y los venció 3-1.
El estado, Baja California, tiene futbol de primera división y uno de sus municipios, Tijuana, fue sede del mejor partido de la jornada que concluyó ayer.
Ese es el hecho.
Esa es la historia.
Y a mí me corresponde escribirla sin omitir un solo capítulo.
Los periodistas nos dedicamos a eso, a contar las historias completas, sin sesgos, intereses, filias o fobias.
La siguiente historia de futbol de primera división en Baja California, en quince días, presentará otro gran capítulo: los Xoloitzcuintles recibirán al Cruz Azul.
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