Marco Deportivo :: La noche del robo


Entró por las puertas principales, las de enfrente, las que están a la vista de todos. No pudo ser de otra manera. Primero burló el acceso principal de la unidad y después burló el acceso principal de la oficina de la unidad. Todo sucedió de madrugada cuando el personal de la oficina ya había salido. Difícil precisar la hora. Lo único seguro es que el portador de la última camisa guinda con el logo del ayuntamiento bordado, ya había abandonado la unidad desde hacía buen rato, horas incluso. La oscuridad fue la principal aliada de quien venció la cerradura sin ser detectado y luego entró a tientas hasta encontrar su objetivo como si conociera el lugar a la perfección. Con una habilidad digna de reconocimiento, logró una faena increíble y aún más inexplicable: ingresar sin que el velador escuchara ruido alguno tras la operación. Teniendo a la noche como cómplice, dispuso del tiempo necesario para husmear a placer por todos y cada uno de los rincones de la oficina, escritorio por escritorio, cubículo por cubículo. Pudo dar una, dos o hasta tres vueltas, o tal vez fue directamente por lo que buscaba de entrada por salida. Imposible definirlo. El rastreo igual pudo ser rápido, en cuestión de minutos, que llevarse varias horas. El tiempo, al parecer, fue lo de menos. Pudo ser uno solo, o pudieron ser dos o varios responsables. Bien pudo tratarse de un consumado delincuente especializado en la materia, que de un torpe malandrín de pulso gelatinoso que aprovechó la oportunidad, las facilidades. Quién sabe. El caso es que por el mismo lugar que entró –la puerta principal–, salió triunfante, con el botín en las manos, sin oposición alguna, como si se hubiera tratado de vulnerar un espacio abandonado, en el olvido. Horas después, cuando el personal llegó a cumplir con su jornada laboral, la puerta principal estaba vencida y al interior todo era desorden, cajones esculcados, revueltos. Nada ha trascendido desde entonces, ni de ese tema ni de cualquier otro. Más de un mes sin noticias ni actualizaciones, sin definiciones ni certezas. Para conservar la línea de trabajo iniciada hace más de un año, todo se ha mantenido en sigilo, secreto, entre dudas e indecisiones. Nadie, ningún testigo de la escena posterior al hurto, tiene permiso de contar lo que pasó durante aquella noche de diciembre cuando fueron extraídos alrededor 50 mil pesos de la oficina del Instituto Municipal del Deporte ubicada dentro del deportivo Sullivan.
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