Marco Deportivo :: Entre placeres y esperpentos

Tiene que ser un gran domingo, pensé. Recién había encendido el televisor y el Toluca, que ganaba 3-0 en el primer cuarto de hora, terminó perdiendo 4-3 con el Pachuca en su propia casa, el mismísimo infierno, el Estadio Nemesio Diez, la ex Bombonera. Vaya nota, pensé. De manera simultánea los Xoloitzcuintles de Tijuana le arrancaban un punto a Puebla en el Estadio Cuauhtémoc para alargar aún más la ventaja sobre los Estudiantes Tecos y ahuyentar el fantasma del descenso de la frontera mandándolo al occidente. Qué nota tan trascendente sobre todo para la región, pensé. Poco después, los Tigres del Tuca se metían al Estadio Azteca para exhibir a las Águilas del “Piojo” y borrarlas de la lista de equipos invictos. Menuda sacudida digna de ser leída a detalle al otro día por americanistas dolidos y anti americanistas fervorosos, pensé. Poco más tarde, México, representado por los Yaquis del Ciudad Obregón, trataba de igualar a los locales dominicanos en el liderato de la Serie del Caribe con tal suerte que unos días después los caribeños festejaban el campeonato en casa y los sonorenses regresaban a casa como ocupantes del sótano. Nota dolorosa, pero con los elementos necesarios para ocupar un lugar sobresaliente en la edición inmediata, pensé. A la misma hora del mismo domingo, el gran evento, el juego esperado, la venganza frustrada de los Patriotas de Brady, derrotados de nueva cuenta, igual que hace cuatro años, por los Giants de Eli, el hermano de Peyton, el hijo de Archi. Qué pieza periodística, portada segura, pensé. Lo local tampoco desmereció. En Ciudad Deportiva, tantas historias por contar entre los futbolistas veteranos que cada domingo asisten puntuales a disputar sus jornadas, una de las cuales, por cierto, fue relatada en este mismo espacio a manera de columna, junto a todo el beisbol local. Día redondo, una delicia, pensé. Al otro día, muy temprano, busqué el periódico. Directo, sin titubeos, me fui hacia la sección deportiva y encontré cada uno de los sucesos deportivos del día anterior publicados en su justa dimensión. Qué satisfacción trabajar en el equipo de deportes del diario, pensé. Posteriormente, tomé el resto del periódico y encontré grande a ocho columnas la foto de tres sujetos levantándose las manos, dos varones y una señora. Qué gestos tan posados e hipócritas, se me ha revuelto un poco el estómago, pensé. Según refería la información, la señora, de nombre Josefina y de expresión un tanto enmendada por el bisturí, le ganó a los dos señores de semblantes aburridos y muecas avinagradas llamados Ernesto y Santiago. Qué trío, pensé. Los tres eran los protagonistas de la nota principal del periódico en la sección de información general. Por fortuna, los periodistas que escriben de ese tipo de gente esperpéntica son otros, pensé. Entonces entendí a los colegas que dejan escapar algún dardo envenenado de envidia dirigido a los que nos dedicamos a escribir de lo que nos gusta. Es un placer, pensé por último.
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