Marco Deportivo






Fin de la cuenta regresiva. Catorcena.

Dos semanas de cuidar celosamente hasta el último centavo sobreviviente entre uno y otro día de pago.Magia para hacer rendir lo poco recibido en relación a lo mucho trabajado.Complicidad familiar para burlar las crisis y llenar la alacena, alimentar y vestir a los hijos.Sin embargo, el desahogo de otros días de pago contrasta con el desconcierto de ese día en especial.El recibo de nómina, apenas a primera vista, escupe, agrede, ofende, denigra. De acuerdo al ingreso, el descuento. En unos 150 pesos menos.En otros 300. En otros más, 400 o 500. Hay algunos que hasta 700 y 800. La cantidad entregada cada catorce días a los empleados de Ciudad Deportiva, la unidad más grande de Ensenada, reducida a su mínima expresión. Todos sospechan lo que ha pasado, pero nadie quiere creerlo. Prefieren esperar la confirmación, o cuando menos que alguien dé la cara para explicarles. Ellos, los que trabajan espantando delincuentes por las noches, los que maquillan el abandono de la instalación, los que tienen la unidad en pie son los mismos que se resisten a aceptar la afrenta orquestada por los que dirigen desde la oficina, los que no se ensucian los zapatos, los que vivirán de manera desahogada por los siguientes dos años, los que no se rebajan a escuchar ni a recibir a sus subordinados, los que juzgan sin averiguar, los que amagan y amenazan, los que carecen hasta del valor para denunciar un par de atracos registrados en menos de un mes por temor a evidenciar su vulnerabilidad (aunque sí tienen la insensibilidad de meter las manos en el dinero ajeno). El mensaje ha sido enviado en una sola vía, unilateral. Alguien robó el cableado de la recién desmontada cancha de futbol siete y ya han encontrado quien lo pague. Pero tal faena no será sorteada por ellos, los funcionarios, los técnicos, los que tienen la nómina al borde del colapso, los que cobran su sueldo íntegro puntualmente, los que en más de un año se han especializado en fomentar la intrascendencia. Serán los otros, los que ayer soportaron la lluvia, los que ocupan el escalafón más bajo en la nómina del Instituto Municipal del Deporte y Recreación de Ensenada, sí, esos mismos que ni siquiera estaban al tanto de la existencia de un cable abandonado a su suerte y luego desaparecido para su mala suerte. Ellos, los que ya han sido juzgados y sentenciados sin pruebas, sin averiguación alguna, están debidamente advertidos: lo de hace unos días fue sólo el primero de dos ultrajes a su dignidad. El siguiente descuento vendrá en el recibo de la próxima catorcena.

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