Marco Deportivo :: A quemarropa

Parecía irritado. Veía con ojos encendidos a su interlocutor, sin parpadear ni titubear. Respondía a las preguntas en tono enérgico, vehemente. Alto, espigado, de rostro anguloso y delgado, pómulos prominentes, cabello rubio y crecido, revuelto. La mirada en el mismo tono durante todo el tiempo, sin altibajos, fija, clavada en la otra mirada, la que tenía enfrente. Respeté el momento. Esperé a que la entrevista que atendía frente a una cámara de televisión terminara y fue en ese instante cuando lo abordé. Decidí iniciar la charla con las pocas opciones de gol generadas por su equipo y su tino para resolver la única clara que tuvo en todo el encuentro. Aquella mirada que vi clavarse un poco antes en los ojos del otro periodista, cambió de dirección hacia mí. Sin dar tiempo a la pausa para meditar su respuesta, respondió en el acto y disparó a quemarropa, certero, lúcido. Su profesión, dijo, como la de los porteros, no tiene espacio para la duda: la que te llega, tienes que resolverla, qué importa que sean pocas. Luego, en la zona de prensa del Estadio Caliente, le cuestioné el instantáneo proceso de adaptación a su nuevo medio, por un par de torneos ya. Su mirada fija, segura, me obligó a sostener la mía en el mismo nivel. Con él, entendí, no había espacio para dudas o actitudes timoratas, temerosas. Así, de frente, disparó a quemarropa, certero, lúcido: no por haber jugado doce años en España llegó subestimando al futbol de México, porque adoptando esa actitud estaría condenado al fracaso. El siguiente tema era obligado y lo abordó con el mismo ímpetu, con la garra que corre por sus venas: el técnico que lo trajo es su paisano y el técnico que hoy lo dirige también, al igual que el extranjero más importante del equipo rival al que acababa de enfrentar, “hermanos uruguayos”, a los que mencionó con orgullo. Mientras lo entrevistaba, sentenció algo que inevitablemente me hizo recordarlo, lúcido, sobre el área rival apenas hora y media antes, cuando soltó un zurdazo a quemarropa, certero, que estremeció las redes del conjunto local, sin pensarse las cosas más de la cuenta, con la seguridad de los que saben lo que hacen: “Tengo la mentalidad de aportar mi granito de arena junto a mis compañeros para que Toluca vuelva a ser el equipo ganador que ha sido los últimos diez años”. Hasta ahí llegó la conversación. Yo apagué la grabadora e Iván Alonso sonrió por primera vez, a manera de despedida. Hasta entonces, el goleador del futbol mexicano desvió su mirada. Le agradecí la entrevista y, aunque él no lo supo, también le agradecí por permitirme descubrir que todavía hay gente que habla así, tal como juega en la cancha y en la vida: a quemarropa, viendo a los ojos, sin rodeos ni tapujos, sin esconderse ni sacarle la vuelta a nadie, como un goleador de raza, certero, lúcido…
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