Marco Deportivo :: Desayunando con Freddy


Ave de tempestades, sí. Polémico, también. Tampoco podría negársele su amplio repertorio de frases y leyendas, de sentencias lapidarias.
Freddy Armando Lugo llega y toma su lugar al centro de la mesa, ocupada por quince personas más.
Todos con los ojos bien abiertos y los oídos listos para capturar cada expresión gesticulada o hablada en su tono habitual, a manera de arenga, por el presidente de la Asociación Estatal de Beisbol.
El primer dardo es deslizado sobre su compadre y ex amigo, Alberto Mancilla Ponce, presidente de la Liga Industrial Comercial y autor del golpe de estado en su contra en 2006, ahora recibido de nuevo en la asociación después de meses de gestión: “El tiempo y la historia ponen a cada quien en su lugar”, dice.
Luego, ya con el omelette servido, sus energías son cargadas hacia Manuel López y Rogelio Maciel, directivos mexicalenses promotores del movimiento disidente en su contra: “esos necesitan camisa de fuerza” y “hay que agradecerles que se hayan ido, porque nos han unido más y nos han hecho más inteligentes”.
Sobre la petición de las ligas disidentes para regresar juntas, en paquete, dispara: “Aquí no estamos en McDonalds para darles su combo, si quieren regresar que lo hagan uno por uno”.
Mientras todos lo escuchan, él se desenvuelve con soltura y enfila su siguiente mensaje hacia la Asociación de Ligas Infantiles y Juveniles de la República Mexicana, organismo ante el cual no escatima a la hora de lanzar adjetivos: “son unos vividores”, “hacen un beisbol pirata”, “como dice el Chapulín Colorado, se aprovechan de la nobleza de la gente” y “viven de lucrar con los niños y sus papás promoviendo torneos amañados”.
Durante su monólogo, extenso e inflamado, también se da el lujo de hacer analogías entre las ligas de beisbol y los partidos políticos: “todos son limpios y serios”, sin embargo, “la gente corrupta es la que los hace sucios cuando engañan y roban”.
Frente a «sus amigos de la prensa, que nunca dicen mentiras», refiere sobre él mismo: “nunca me han demostrado jurídicamente nada, a mí me han dicho ladrón y corrupto y yo he aguantado estoicamente sin decir nada”.
Su mentor, Alonso Pérez González, no puede quedar fuera de la charla: “su amistad nos permite brincarnos las trancas en algunos temas, por la imagen que tenemos ante la federación como una de las mejores asociaciones del país”.
Otros de sus amigos, el gobernador Osuna Millán, es su garante, uno de sus aliados más importantes y lo demuestra recomendándole que “le pida a Saúl Castro (director del Instituto del Deporte) más presupuesto, porque los 210 mil pesos que nos da al año no nos alcanzan para nada” y “tenemos que andar mendigando para que nuestras selecciones viajen a los campeonatos nacionales”.
Más tarde, al momento de pedir la cuenta, pide la atención de todos: “Hey, son cien pesos del desayuno, no se hagan… aquí van los míos para que luego no digan que no pago lo que me como”.
Casi para despedirse, y después de autorizar el ingreso de la Liga Instruccional, advierte: “Ni Alberto Mancilla ni Alberto Mancilla Jr. me han dado un cinco jamás”.
La historia parece terminar así, con la reconciliación entre el presidente de la asociación y Alberto Mancilla Ávalos.
Pero minutos después del encuentro, ya fuera del restaurant, cambia de opinión, recapacita y sentencia: la Liga Instruccional puede participar en los tres torneos de la asociación de ligas que serán en otros estados, pero no puede organizar el que está programado en Ensenada.
“Nunca me dijeron eso, y si nos ofenden trayendo ese nacional al estado, el señor Alberto Mancilla Jr., quedará para siempre fuera del beisbol federado…”
Hasta ahí de frases y sentencias… por hoy.
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