Marco Deportivo :: Mis dos semanas de fama

Estoy a unas horas de dejar de pertenecer a la lista de treintañeros. Pasada la medianoche seré integrante de la lista de cuarentones. Así tal cual, para qué darle vueltas al tema. Siempre he sostenido que no hay nada mejor que llevar con orgullo las primeras canas que aparecen sobre las sienes y sonreír con orgullo para mostrar satisfecho las cada vez más pronunciadas patas de gallo que adornan el contorno de los ojos como constancia de los tantos sentimientos experimentados por cuatro décadas ya. Con el auge de las redes sociales, pensé que ése sería el motivo de tanto afecto a mi alrededor. Saludos y charlas con gente a la que he incluido entre mis “amigos” y que rara vez me procura y la procuro. Conocidos de mucho tiempo y conocidos recientes. Amigos que con sus acciones me han demostrado merecer esa categoría en mi apartado de afectos y conocidos a los que identifico de vista pero seguramente si se da un encuentro fortuito por la calle tanto ellos como yo optemos sin dudar por el disimulo. Todos en la misma línea, todos atentos y expresivos. Cariñosos, incluso. Frente a esta experiencia, totalmente nueva para mí, revisé todas las funciones de Facebook tratando de hallar alguna que me llevara al anuncio de los cumpleañeros de la semana o una cosa por el estilo, pero no encontré tal. Decidí entonces creer que en la vida hay gente interesada en los demás aunque no exista una cercanía que justifique la efusividad de los saludos, el “hola, qué tal, cómo te va”, o el “no recuerdo de qué escribiste, pero siempre te leo”, o el “cómo está la familia”, o tantas cortesías propias de quien quiere iniciar una charla con alguien a quien poco o nada le une. Casi dos semanas de diálogos de este tipo, todos tan parecidos, todos tan extraños, pero a la vez todos tan halagadores, tan satisfactorios. Además, el asunto no se limitó a las redes sociales. Campo deportivo al que acudí en ese mismo periodo de tiempo, campo deportivo en el que fui abordado por algún conversador atento. Todavía no logro explicarme ese extraño fenómeno que, tengo que admitir, ha venido a la baja en los últimos días, digamos que desde el miércoles. Lo que sí recuerdo es el tema en común con el finalizaron todas esas pláticas: “Oye… este… a ustedes ahí en el periódico… este… les han de dar boletos para los juegos de los Xolos, ¿no?…”. Mi respuesta en todos los casos, tal vez, llevaba algo de ofensivo o repelente porque en cuanto expresé que carezco de acceso a los boletos de cortesía para los juegos en el Estadio Caliente, sobre todo en compromisos como el de este viernes con el América de visita, mis afectos efusivos, saludadores, ocupados por charlar conmigo, han desaparecido de forma dramática. Ya es jueves por la tarde, estoy a punto de entregar esta columna. Mi chat sigue muerto. Mi popularidad también.
mdominguez@elvigia.net
mdniebla@gmail.com



