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Alfredo Miramontes, “El Pique”, campeón sin pretextos

Alejandro Zepeda

           

Ensenada, Baja California.- La expresión del responsable de resguardar el estacionamiento de Ceart en Ensenada cuando lo vio llegar conduciendo, fue la misma que Alfredo Miramontes Ajuria describe en referencia a los organizadores de los Gravity Games en Peschiera del Garda, Italia, cuando lo conocieron.

El penúltimo día de 2018, el custodio del área donde fue citado el “Pique” para ser entrevistado, no salía del asombro al verlo manejar su camioneta con los pies. De igual modo, en junio del mismo año, los promotores del evento extremo en Italia dudaron de que una persona sin brazos pudiera siquiera ser competitivo.

“Mi condición se llama Amelia y es congénita. Así nací sin miembros superiores, ninguno de mis brazos”, explica quien desde los ocho años de edad es reconocido por patinar sobre las calles de su natal Ensenada.

Sin embargo, con la misma habilidad que estacionó su auto para luego calzarse los patines en espera de la sesión fotográfica, consumó su aventura europea con la medalla de oro en la prueba de Slalom ante 85 patinadores del resto del mundo, no sin antes “invertir una cantidad grande de euros, apoyado por buenos amigos, patrocinadores…”.

El viaje de varias horas y la incredulidad de quienes lo recibieron en Italia fueron dificultades menores en comparación con una caída que el ensenadense de 30 años sufrió durante sus primeras prácticas, ya en suelo italiano.

“Cuando me vieron dudaron de que pudiera participar, pero quedaron fascinados al verme patinar. En las pruebas me caí y eso fue un plus para demostrar que no iba allá a hacer el ridículo, descansé porque estaba muy lastimado y entonces saqué el corazón y el orgullo”.

En base a ello, durante junio de 2018, ganó una de las tres pruebas en que participó: “Fue en Slalom, que consiste en tocar una serie de banderas con diferentes partes del cuerpo”.

“Me convertí en el primer mexicano que compite en los Gravity Games y también soy el único atleta no convencional, porque en estos eventos no existe la categoría Paralímpica”.

Para llegar hasta los Gravity Games, antes participó en el nacional Inline Downhill México, con sede en Puebla, donde se colocó como cuarto lugar y pudo viajar a Italia “porque los tres primeros clasificados no asistieron por lo costoso del traslado”.

“Además de que trabajé mucho en el gimnasio para fortalecer mis piernas, tuve la fortuna de que en Italia agregaron la prueba de Slalom que en el nacional de México no se incluyó y que es donde me siento mejor y así pude ganar el oro”.

Rumbo a 2019, su objetivo es llegar a un nuevo mundial, el de Barcelona, al cual “ya estoy calificado”, pero además “por más dificultades federativas que hay, quiero ir a los Juegos Panamericanos de Lima”.

Off road, la siguiente meta

Ya practicó futbol americano con los Aztecas de la secundaria Técnica 20. “Jugaba tackle ofensivo y pateador con el coach Memo Hernández”. También practica el futbol y llegó a estatales de taekwondo. En su momento, luego de su experiencia en el futbol americano, formó parte por un breve periodo de la selección de patinaje de Baja California. Y próximamente espera cumplir un nuevo desafío: conducir un auto en eventos fuera de camino.

Gracias a un grupo de amigos, Alfredo Miramontes conoció a Clyde Stacy, el líder de uno de los equipos más competitivos en materia de off road, RPM.

“Le conté que me gustaría manejar un auto de este tipo y tiempo después me llamó para saber si estaba seguro, le dije que sí, y en abril, en San Felipe, la prueba fue quitarme los cintos en menos de un minuto sin ayuda de nadie, salirme del carro y obviamente poder pilotearlo”.

Y lo logró, aun cuando el automóvil no fue adaptado para él.

“Lo manejé todavía sin modificaciones y logré dominar a esa bestia, fue algo maravilloso, uno de los sueños que pude alcanzar”.

Por lo pronto, 2019 será un año de pruebas, mientras se realizan las debidas adaptaciones a alguna unidad y “lo podamos manejar tanto yo como cualquier otro piloto”.

“En uno o dos años más creo que podría ser”.

Familia y oficio

Para la confianza que ha caracterizado al “Pique” desde su niñez más temprana, ha habido una persona clave.

“Mi madre nunca hizo distingos entre mis cinco hermanos mayores y yo, que soy el menor. En casa, mis padres y mis hermanos siempre me vieron y me trataron como una persona normal”, además de que “durante la adolescencia recibí terapias en California para aprender a valerme por mí mismo”.

Así ha establecido una trayectoria profesional como diseñador gráfico en la empresa Bordadora Krux, “ya con muchos años de trabajar con la familia Cruz”.

Lo del apodo, lejos de ser despectivo, es otra de las muestras de cariño recibidas desde el seno familiar. “Mi hermano Beto, que me lleva un año, me consentía diciéndome ´piquitín´ cuando era muy chico y así se fue modificando hasta que todos empezaron a llamarme ´pique´”.

También tiene un hijo de ocho años, a quien menciona con orgullo. “Sebastián es un niño maravilloso que ha cambiado mi vida y trato de inculcarle el deporte, pero todavía no se decide por alguno”. Y es que “el deporte es lo que a mí me produce más alegría, ha sido mi razón para salir adelante sin limitaciones de ningún tipo”.

Mientras tanto, y tras la sesión de fotos y la entrevista, guarda sus patines dentro de una mochila, luego sube y acomoda un cojín, única modificación que ha hecho en el auto que enciende para salir frente las miradas amables de hombres y mujeres cuyos hijos patinan o pedalean sus bicicletas en la explanada de Ceart.

El guardia del estacionamiento también voltea para despedirlo, con admiración.

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