Apuntes perdidos

Apuntes perdidos







Por Marco Antonio Domínguez

 

Visionario. Ya harán tres años de aquel discurso incendiario. El alcalde, recién protestado, contra el gobernador. Y en el mismo discurso de bienvenida, emitido a gritos por el nuevo gobernante, sólo un tema relacionado con el deporte: las carreras fuera de camino, garantizadas y firmadas por tres años. Ni una línea más sobre el tema. Y así se irá el señor Pelayo después de tres años: protestado y fuera de camino.

 

Sueña monstruos. Justo empieza a llover en el momento cumbre. El primer monstruo del desierto ha llegado a la meta. Todos enloquecen sin importarles la nube que ha regado copiosamente el área donde reporteros y fotógrafos encandilan con sus chalecos fosforescentes mientras se amontonan en torno a B.J., el ganador de los Trophies. Los reporteros especializados llegan hasta él con emoción, como fanáticos confesos que le rinden reverencia a su majestad, el rey de la nueva Baja 1000. Hasta entonces empiezas a entender de qué se trata todo eso. Y en realidad de poco te importa a esas alturas. Lo único que quieres a las cuatro de la mañana es regresar a casa a secarte, darte un baño y dormir, después de relatar esa especie de sueño bizarro que acabas de vivir, ya de madrugada.

 

Alivio en la tragedia. Los rumores surgieron con la fuerza que corren las malas noticias. Que estaba grave y que mínimo se trataba de conmoción cerebral. Al rato la información fue ampliada: el accidentado murió cerca de la meta de la Baja 1000. Y sí, era de la escudería líder hasta ese momento, KTM. Momentos de zozobra. Poco después la confirmación. Una noticia mala y otra buena. La mala: murió el favorito Kurt Caselli, líder del equipo KTM. La buena: Iván, el ensenadense e integrante del mismo equipo, estaba a salvo.

 

A chaleco. Uno sabe tomar fotos y el otro sabe escribir. Del tema en cuestión no son especialistas ni pretenden serlo. Pero ahí están, en un espacio de privilegio al que los aficionados no tienen permitido ingresar. El ruido les incomoda. El ambiente, incluso. Pero ese chaleco, convertido en pasaporte para ir y venir por donde sea, les permite, al fotógrafo y el reportero, hacer lo que saben hacer.

 

Afición a prueba de peros. Le voy al América, pero siempre me han caído mal los porristas a sueldo de Televisa, que ensalzan al equipo de casa en las buenas y hasta en las malas. Sigo al América, pero no me perdía Deportv ni me pierdo Futbol Picante, los programas de José Ramón donde el ojo crítico se convierte en víscera. Siempre quiero ver campeón al América, pero jamás he soportado al “piojo” ni a sus trajes ni su acento defeño ni su peinado. Admiro a los jugadores que han triunfado en el América, pero no entiendo qué hacen ahí el Maza y el Topo y otros tantos. Me disgustan tantas cosas alrededor del América, pero los colores son los colores. Por eso me gusta el América, pero no de verde. Me gusta de amarillo.







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