APUNTES PERDIDOS

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
De anfibio a equino. El señor que se viste de Lobo Marino ha recibido una mejor oferta para vestirse de Potro. Entre las desventajas del cambio, el señor que se viste de Lobo Marino tendría que manejar una distancia considerablemente mayor para vestirse de Potro. Pero lo atractivo de la oferta es que al señor que se viste de Lobo Marino le pagarían mejor por vestirse de Potro, aun cuando tenga que trasladarse más lejos, hasta el valle. Primero acude con los que le pagan por vestirse de Lobo Marino en Ensenada para comunicarles la oferta que ha recibido por vestirse de Potro y les propone igualar la paga para no transformarse de anfibio a equino. La respuesta ha sido contundente por parte del equipo que le pagaba para vestirse de Lobo Marino porque no pretenden ser cómplices del despilfarro de dinero hecho por las nuevas organizaciones llegadas durante los dos últimos años a la liga a tal grado de “prostituirla”. Y él decide su futuro de inmediato, como lo haría cualquier profesional en cualquier oficio. Ahora simplemente hay que identificarlo como el señor que se viste de Potro y anima los juegos en el valle, allá donde abundan las fresas.
Incongruencias. Es preciso releer. Revisar la nota una y otra vez. El asunto tiene que ser debidamente explicado para ser comprendido. Un millón de pesos a repartir entre seis señores invitados a trabajar por alguien que ya se fue. Porque quien llegó, el sustituto de quien les dio el trabajo, ya no los necesita. El relato señala que, sin acudir a trabajar, esa media docena de empleados de confianza cobró cada catorcena por casi tres meses. Por lo pronto, ya no acudirán a la oficina del instituto municipal del deporte para cobrar la catorcena de rigor. Ya han llegado a un acuerdo. Ahora sólo lo harán para recibir, a modo de abono, el millón de pesos que le ha costado al gobierno municipal las seis liquidaciones destinadas para los colaboradores de la ex directora. Las citas, para mantener la tradición, serán catorcenales. Voy por una relectura más y aún no logro entender la nota que yo mismo he escrito. Sobre todo en esa parte donde hay que puntualizar: “las liquidaciones son de acuerdo a la ley” para los empleados de “confianza”.
La sangre. Veo la televisión y recuerdo sus puntadas que hasta la fecha me provocan la misma carcajada de aquellos días. Acudo al juego de beisbol y me siento al lado de él porque sé que la charla me llevará a recordar esos viejos tiempos y a reír con cada anécdota forjada desde la infancia como si fuéramos un par de cómplices instalados en la grada que adaptamos como sala de espera en tanto cae el out 27 y mientras un grupo de rijosos se da con todo sin importar que entre el público se encuentren niños y mujeres frente a la complacencia de una directiva inerte. Me siento en el café de costumbre y, sin importarme que sea mi competidor directo, enorgullezco cuando unos señores que no conozco, pero que hablan en voz alta, dicen que son sus compañeros en el diario local y elogian un trabajo periodístico elaborado por él, en referencia a un beisbolista pequeño y ejemplar que juega como si contara con todos los sentidos. Luego publica en redes sociales fotografías de sus hijos con los míos y las titula de manera amorosa. Lo demás es lo de menos. Frivolidades entre hermanos que publican en diferentes medios.




