APUNTES PERDIDOS

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Del refranero. Muerto el niño a tapar el pozo, dice un viejo refrán, tan sabio como la mayoría de los juegos de palabras producidos desde el ingenio popular. Y aquí, en esta tierra de admiración a las máquinas y la velocidad y las calles tomadas por extranjeros tanto sobrios como alcoholizados y los fanáticos enloquecidos por esa pasión que (como todas las pasiones) no entendemos quienes no la experimentamos, siempre pasan cosas. Pero no siempre son las mejores, porque, cada seis meses, o es un niño o es un mayor o es un inocente es un intrépido (traducido a estúpido) que no midió las consecuencias y murió arrollado por “un monstruo del desierto que devoraba millas en pos de la victoria”. Mientras la cifra presenta un deceso más en la 500 o en la 100 o en la que sea, los representantes de la empresa organizadora afirman que han promovido campañas de concientización y ya no saben qué hacer porque así como ahora fue un niño podría ser otro después, dentro de seis meses. Y bien valdría la pena acudir a la sabiduría popular para emplazar, a modo de advertencia, a esos señores tan preocupados por hallar soluciones: o tapan el pozo antes de que muera otro niño o… adiós que te vaya bien.
El hombre que le pisa y el hombre sin rodilla. La llegada es a las ocho, pronostican. Siete y media, tal vez. La pista de la 500 es más rápida, dicen los organizadores. Y yo pienso: Písale Menzies. Y Menzies, el piloto que encabeza el contingente al momento, parece conceder mis deseos y le pisa y llega primero y temprano. Antes de las siete, incluso. Todo listo, que ni mandando a hacer para escribir a la carrera la nota de las carreras y luego a seguir las carreras para ver a Cotto y Maravilla, la esperada gran pelea que no fue tal. Y llegué justo a tiempo. No así Maravilla. Cotto jamás encontró a su rival porque no llegó nunca. A Maravilla le faltaron rodillas.
Dale. Es sábado. Dale, dale, como todos los sábados. Día de carreras, además. De las de autos y de las otras. Dale, dale, que las notas tienen que estar a tiempo. ¿Que si el festejo por la libertad de expresión y los discursos y los desayunos con políticos y los colegas que cobran del gobierno (todos en la misma bolsa)? ¡Bah! Dale, dale. No hay tiempo para perder el tiempo. Déjate de estupideces.Hay trabajo. Dale.
Décimo. A mí no me vengan con esos discursos esnobs de que el futbol es una enorme máquina manipuladora a través de la cual el gobierno nos controla y nos somete. Por lo menos de ahora y hasta que haya campeón, pretendo ignorar (mas no sé si lo lograré) a cualquiera de esos “intelectuales de Facebook” que nos juzgan y nos sentencian por vivir y disfrutar una pasión que a ellos (pobrecitos) no los tocó. Por un mes, si no les gusta el futbol, no nos jodan a los que sí nos gusta y nos apasiona y nos enloquece. Aguanten un mes. Sólo un mes. A partir de hoy empieza mi décimo mundial (de Argentina 78 a Brasil 2014). Y nada lo arruinará.




