Rusia 2018

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 7)

FIFA





Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Tú no le vas a México. Su vistazo iba cargado de incredulidad. También algo de burla había en su expresión, mientras preparaba la pregunta, en tono de reproche: “¿En serio le vas a México? Y, sin darme margen para la reacción, respondiéndose a sí mismo, sentenció: “Parece que no”. Cómo podría culparlo si su euforia careció de eco en este señor, ya más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, en cuyo bagaje se hallan más desazones que motivos para soñar cada cuatro años, del 78 a la fecha, en ese evento de revelaciones pasajeras, reservado para los mismos de siempre. Con la intención de suavizar la temática de la conversación (cuando coincidimos en un café al que suelo ir sin mucho que hacer, porque sé que encontraré varios futboleros con los que platicaré por un buen rato del tema de moda por estos días y por varios más hasta el quince del próximo mes), lo interrumpí para preguntarle si había visto hoy a España, a Portugal y a Uruguay, los favoritos que vencieron de manera respectiva a Irán, Marruecos y Arabia Saudita, pero recibí una reacción tan fría como contundente: “Sí, los tres apenas ganaron uno a cero, y contra selecciones malonas, ¿no?”. Algo de razón tenía, sobre todo cuando remató con aire de superioridad, como si se encontrase frente a un apátrida al que daba la puntilla: “Nada que ver con ganarle uno por cero pero a Alemania… ¿a poco no?”. Pude decirle que después del juego del domingo, pensé: “Qué bonito ganarle al campeón vigente y que México sea noticia en todo el mundo por lograr lo que nadie había logrado por años: superar en todas las líneas al todopoderoso equipo de Löw”. Pero siempre he sostenido que cuando se antepone aquello de “en serio que me da gusto que gane tal o cual equipo” es que en el fondo uno desea que suceda lo contrario. Entonces, él fue quien retomó el tema para decirme, sin necesidad de ver el segundo ni el tercer juego en canchas rusas, que México, esa selección estancada una y otra vez cuando se juega lo realmente importante en Copas del Mundo, llegará más lejos que nunca, y no sólo hasta el esquivo quinto partido sino hasta un séptimo: “No sé contra quién pero la selección llega a la final”. Así se despidió. Y lo dijo tan convencido que callé y lo envidié como envidio a todos los chicos de esta nueva generación, la que ya vio dos campeonatos del mundo infantiles y una medalla de oro olímpica. Cómo quisiera coincidir con él.

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