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BASQUETBOL

Juan Toscano, campeón con Warriors, acuerda con Lakers

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Juan Toscano jugará en Los Ángeles/Archivo






Los Ángeles, California.- Luego de una 2021-2022 que lo vio hacer historia, como el primer jugador mexicano en conseguir un título NBA, Juan Toscano definió su futuro: acordó un contrato con Los Angeles Lakers, según confirmó su agente Erika Ruiz. Todavía no hay precisiones sobre el monto o la extensión del vínculo.

Toscano no tuvo el protagonismo de la 2020-2021 con los Warriors, pero aún así fue un jugador de rol productivo para la segunda unidad de Steve Kerr, promediando 4,1 puntos, 2,4 rebotes y 1,7 asistencias en 13,6 minutos por encuentro.

Y aunque no pudo darse el gusto de continuar en el campeón, terminó firmando en una de las franquicias más reconocidas e importantes de la competencia, como Los Angeles Lakers. Será el primer jugador mexicano en vestir el púrpura y oro.

Los Angeles se ha movido en el comienzo de la Agencia Libre fichando a varios perimetrales de características similares: jugadores atléticos y de buen nivel defensivo, como Toscano, Lonnie Walker y Troy Brown.

Darvin Ham había anunciado que quiere tener a unos Lakers mucho más fuertes en lo que respecta a la defensa y los movimientos de la gerencia acompañan ese deseo.

Juventud, piernas frescas y piezas de rol, en contraste con las estrellas venidas a menos de la Agencia Libre 2021. Un cambio claro en la estrategia angelina, luego del fracaso de la última campaña.

Información: NBA.







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BASQUETBOL

Bill Russell, la leyenda de los Celtics que se fue

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Bill Russell, mítico basquetbolista, falleció a los 88/NBA






Boston, Massachussetts.- La escena ocurría en todas las noches señaladas en el calendario. A un lado del vestuario, ya fuese local o visitante, se colocaba una figura de enorme tamaño, de piernas y brazos largos, amarrado a un cubo. Casi como un ritual, uno que ya fuera por necesidades fisiológicas o por costumbre sucedía en todas las jornadas que los Boston Celtics tenían que salir a jugar, Bill Russell siempre vomitaba. La tensión competitiva, sus altas expectativas sobre sí mismo y el resto del grupo, así como el hábito construido a lo largo de los años convirtieron ese desagradable trago en una tradición al interno de la disciplina verde.

A lo largo de todas las veladas en las que los Celtics se jugaban algo, que no fueron pocas entre 1957 y 1969, algo atravesaba el cuerpo de Russell que le obligaba a expulsarlo de la manera más abrupta, símbolo de hasta qué punto era importante para el interior ganar. Tal era el calado de esta particular tradición que en una ocasión en un partido ante Philadelphia llegó a oídos de Red Auerbach que Bill no había vomitado. Momento en el que el técnico ordenó al equipo detener el calentamiento y regresar al vestuario hasta que Russell realizase su hábito prepartido, casi como un castigo o una condición de posibilidad para estar en disposición de ganar el partido.

Vencer no era una opción, tampoco un anhelo, sino más bien una necesidad, un deber que cumplir, de alargar un legado que, 53 años después de haber abandonado la NBA como jugador ningún otro ha estado cerca de igualar. Once anillos es la sentencia que condensa una trayectoria extraordinaria, pero que obvia todo lo que hubo detrás de una de las personas más importantes del deporte estadounidense y de la propia NBA a lo largo de sus más de siete décadas de existencia.

«Para Bill todos los partidos eran encuentros por el campeonato, un reto, una prueba de su hombría», relató Wilt Chamberlain en su autobiografía de 1973.

Mística y realidad son dos aspectos que se entrelazan a la hora de hablar de los Celtics de Russell. Una dinastía con todas sus letras, la más duradera que haya visto la liga, pero que no estuvo exenta de problemas, limitaciones, trabas y dificultades. Y es que el ejemplo de los instantes previos a los partidos importantes solo representan la punta del iceberg respecto al carácter competitivo y ganador de la leyenda verde que falleció el 31 de julio de 2022 a los 88 años.

Encontrar un símil a su deseo de victoria resulta difícil. Solo los más cercanos y que compartieron vivencias con el interior pueden dar buena cuenta de ello. Su fortaleza mental le permitió obviar graves lesiones y seguir adelante como si nada, obviar insultos racistas desde las gradas, tanto de aficionados rivales como incluso de locales.

Esa fuerza residía en su capacidad de abstracción del entorno, algo clave en todos los deportistas, pero que llama la atención en un momento en el que la profesionalización del juego estaba todavía en pañales. Las instantáneas de aquella época permitieron capturar a un jugador que desde la banca observaba lo que ocurría en cancha con una mirada penetrante, analizando todo aquello verdaderamente importante con el objetivo de ponerle solución o bien maximizarlo. «Ganar es un hábito adquirido; cuando ganas durante un largo período de tiempo, hay un par de palabras que dices: suerte y accidente», escribió el propio Russell en un libro publicado en 2002. Para el mito ganar justificaba los medios: una bronca, una sustitución a tiempo, un ajuste, una lectura clave del ataque rival. Todo marcaba la diferencia en pos de alcanzar el objetivo final.

No obstante, ese deseo enfermizo por vencer tenía detrás un motor que explica en gran medida la durabilidad del proyecto de los Celtics: la unión y compenetración del grupo. «La parte más importante de ganar es la alegría», destacó en el mencionado libro 11 Lessons on Leadership From the Twentieth Century’s Greatest Winner. «Puedes ganar sin alegría, pero ganar sin eso es como comer en un restaurante de cuatro estrellas cuando no tienes hambre. La alegría es una corriente de energía en tu cuerpo, como la clorofila o la luz del sol, que te llena y te hace querer dar lo mejor de ti de forma natural».

Separar a Russell de su contexto es un grave error, no solo por lo más obvio, sino porque su liderazgo fue compartido con otros nombres tan importantes y que maximizaron su impacto a todos los niveles como Sam Jones, Tom Heinsohn y, por supuesto, Red Auerbach.

Antes de llegar a la NBA Bill Russell ya había conquistado todas las cimas posibles para la mayoría de mortales (dos títulos universitarios y un oro olímpico), pero nunca había podido confiar verdaderamente en su entrenador. La superioridad física, técnica y táctica del interior le hacían alguien diferencial sobre la cancha, de ahí que su impacto en Boston tardase poco en verse. Pero Russell tenía ciertos vacíos que llenar, así como una personalidad fuerte que no siempre encajaba con quienes tenía alrededor. Auerbach supo entenderle y, sobre todo, respetarle, forjando ambos una relación que superó todos los límites establecidos entre jugador y entrenador.

«Red fue el primer entrenador que me entrenó personalmente», relató el jugador años más tarde. «No importa lo bueno que seas, necesitas a alguien con quien intercambiar ideas y hacer retroceder algunos pensamientos nuevos. Porque si no lo hace, eso puede convertirse rápidamente en una rutina. Esas conversaciones siempre fueron útiles porque usaba un lenguaje que yo podía escuchar».

Esa relación significó una confianza y una sinergia que ejerció de combustible para Russell en momentos críticos. Si hay algo más complicado que ganar en el deporte de élite es hacerlo de manera consistente y reiterativa. Los Celtics lo consiguieron con tremendo esfuerzo, hasta tal punto que se vació de sentido sus campeonatos. Pero detrás de cada uno de los once que sumaron hubo una historia de trabajo que tuvo como eje esa unión entre Red y Bill. Si el entrenador tenía que abroncar públicamente a su estrella lo hacía, si tenía que ser cándido y darle espacio también, de igual modo que si era preciso delegar en la visión del interior para salir adelante.

Pero todas esas palabras no sirven de nada si no vienen refrendadas por hechos, algo que Auerbach siempre se encargó de tener muy en cuenta. El técnico apoyó en todas las decisiones importantes que tuvieron que ver con Russell, desde su negativa a jugar en un partido de pretemporada en Kentucky debido a que no dejaron entrar a los jugadores afroamericanos en 1961 a confiar en Bill el banquillo de los Celtics tras su retirada.

Y es que hablar de Bill Russell significa mencionar a uno de los deportistas más comprometidos con los derechos civiles y la lucha contra el racismo y la segregación en el siglo XX de Estados Unidos. Nativo del sur del país (Monroe, Louisiana) pero criado en las calles de Oakland en las casas públicas, la desaparecida leyenda vivió las dos formas de opresión para las personas afroamericanas en la primera mitad del siglo pasado. Todo esto forjó en él una fuerte convicción sobre sí mismo, pero también un remarcable sentido de dignidad, la cual nunca traicionó por caer en gracia a la sociedad blanca o a la opinión pública mayoritaria.

Retratado en muchas ocasiones por los medios del momento como alguien «poco amistoso» o que «siempre parecía enfadado», Russell construyó un muro alrededor suyo para contener todo el odio que tenía que soportar por una doble condición de la que no podía escapar. Primero, era afroamericano en una sociedad segregada, y segundo, era uno de los deportistas más importantes de la NBA. Un hecho que le hizo escuchar insultos de todo tipo, actos cercanos a la violencia física e incluso un infame ataque a su vivienda en una localidad cercana a Boston que marcó un antes y un después en su relación con la ciudad. Bill distinguió siempre entre franquicia y aficionados, solo así se explica que la ceremonia de retirada de su dorsal ocurriera a puerta cerrada y con los más cercanos, años después de colgar las botas.

Ahora que Russell ha dicho adiós para siempre es cuando su legado lejos de las canchas va camino de superar a todo aquello que hizo vestido de verde. Su determinación para tratar de cambiar las cosas para los jugadores afroamericanos y, por extensión, para toda la comunidad se hizo notar desde el principio, reivindicando al interno de los Celtics en 1956 que él no estaba ahí para cumplir con una cuota, sino para ser importante y porque verdaderamente merecía el puesto. La sociedad estadounidense tuvo que atravesar un complicado camino en la década de los sesenta por la negativa de ciertos sectores a poner fin a una segregación más que evidente a todos los niveles. Algo que Russell, como muchos otros deportistas, combatió desde su particular tribuna.

Hubo dos momentos en concreto en los que el jugador de los Celtics supo dar la cara.

Primero, el 4 de junio de 1967 cuando junto a Jim Brown, Kareem Abdul-Jabbar y otros realizaron un acto conjunto en apoyo a Muhammad Ali, quien se negó a formar parte de los reclutamientos forzosos para la Guerra de Vietnam. Russell coronaría su apoyo al boxeador con un artículo en Sports Ilustrated del 16 de junio de ese año donde escribió: “Ali tiene algo que nunca he podido lograr y algo que muy pocas personas que conozco poseen. Tiene una fe absoluta y sincera. No estoy preocupado por Muhammad Ali. Está mejor preparado que nadie que yo conozca para resistir las pruebas que le esperan. Lo que me preocupa es el resto de nosotros”.

El segundo acto en el que Russell marcó la diferencia ocurrió el trágico 4 de abril de 1968, día en el que Martin Luther King Jr. fue asesinado en Memphis. Las 24 horas que siguieron a aquel suceso fueron un ejemplo de la ascendencia tanto de Bill como de Wilt Chamberlain tenían en la NBA del momento y que giró en torno a la posibilidad de negarse a jugar un partido clave de los Playoffs. Horas y horas de reflexión y discusión entre los protagonistas del juego que concluyó con la determinación de seguir adelante en uno de los «eventos deportivos más espeluznantes y apacible que he visto», según destacó el cronista del New York Times.

El fallecimiento de Bill Russell supone la desaparición de una personalidad sinigual. Frente a otros deportistas que se limitaron a trascender únicamente sobre el campo de juego o cuyo impacto social quedó en cierto modo desdibujado, la leyenda de los Boston Celtics logró materializar ambas vías de un modo que ningún otro ha conseguido hasta la fecha.

Él fue, es y será el sinónimo de ganador por antonomasia en el deporte.

Él luchó por los que no tenían voz y sufrió las consecuencias sin que su discurso cambiase por la amenaza del odio.

No habrá otro como Bill Russell.

Información: NBA.







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BASQUETBOL

Estrellas del deporte estadounidense indignadas por revocación del derecho al aborto

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Los Ángeles, California.- Grandes figuras del deporte estadounidense, desde la futbolista Megan Rapinoe a la estrella de la NBA LeBron James, expresaron su conmoción y rabia tras la decisión de la Corte Suprema de revocar el derecho constitucional al aborto en el país.

La decisión del máximo tribunal, que puede derivar en la prohibición de las interrupciones del embarazo en alrededor de la mitad de estados, motivó un comunicado conjunto de las ligas de basquetbol masculina (NBA) y femenina (WNBA).

«La NBA y la WNBA creen que las mujeres deben ser capaces de tomar sus propias decisiones en relación con su salud y su futuro, y creemos que esa libertad debe ser protegida», subrayaron los comisionados de ambas ligas, Adam Silver y Cathy Engelbert.

«Seguiremos abogando por la equidad de género y de salud, incluyendo la garantía de que nuestros empleados tengan acceso a la atención de salud reproductiva, independientemente de su ubicación», recalcó el texto.

En un mensaje más contundente, la Asociación de Jugadoras de la WNBA recordó que la Corte Suprema, con claro dominio del sector conservador, dio a conocer su sentencia solo un día después de que reafirmara el derecho de los ciudadanos a portar armas de fuego en público.

«¿Estamos en una democracia donde las armas tienen más derechos que las mujeres?», cuestionó la asociación en un comunicado. «Esta decisión muestra una rama del gobierno que está fuera de contacto con el país y con cualquier sentido de la dignidad humana».

Esta decisión creará un «peligroso camino» hacia la prohibición del aborto que «refuerza las desigualdades económicas, sociales y políticas», señaló el texto.

Sue Bird, una de las grandes estrellas de la WNBA y ganadora de cinco oros olímpicos con Estados Unidos, se limitó a escribir: «Descorazonador». Su equipo, las Seattle Storm, se declararon «furiosas y listas para luchar».

«La gente ha ganado la libertad de comprar armas impunemente mientras que las mujeres han perdido la libertad de decidir su propio futuro», clamaron las Seattle Storm en Twitter.

Lexie Brown, figura de Los Angeles Sparks, añadió: «¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Están pasando tantas cosas en este país y esto es en lo que se quieren concentrar. Es realmente aterrador».

La crueldad es la clave

Megan Rapinoe, ícono del fútbol femenino estadounidense y activista, se pronunció sobre el tema en una conferencia de prensa previa al amistoso contra Colombia del fin de semana.

«Es difícil expresar con palabras lo triste que es este día», dijo Rapinoe con la voz entrecortada. «No puedo restar importancia a lo triste y lo cruel que es esto».

«La crueldad es la clave, porque esto no es provida, de ninguna manera», recalcó la ganadora del Balón de Oro de la FIFA de 2019. «Agravará por completo muchas de las desigualdades existentes en nuestro país. El derecho a la libertad y a la búsqueda de la felicidad está siendo atacado en este caso».

Rapinoe, pareja de Sue Bird, teme también que las protecciones constitucionales sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo puedan estar ahora en peligro.

«Vivimos en un país que siempre intenta quitarte lo que tienes de forma innata, lo que has tenido el privilegio de sentir toda tu vida», lamentó.

Del lado del deporte masculino, varias estrellas también se manifestaron en contra de la revocación de este derecho.

LeBron James, actual líder de Los Ángeles Lakers de la NBA, dijo en Twitter que la decisión está basada «absolutamente sobre el poder y el control».

En la liga de fútbol (MLS), el portero de los Seattle Sounders Stefan Frei también alertó del contraste entre este fallo de la Corte Suprema y el que respalda el porte de armas.

«Nuestro país está avanzando activamente en la dirección equivocada», escribió Frei en Twitter. «¿Qué es lo siguiente? Esto es una locura».







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BASQUETBOL

Stephen Curry, MVP de las finales de la NBA 2022

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Stephen Curry, nuevamente campeón/Warriors






Boston, Massachussetts.- Cuando uno de encuentra en la cima de su propia versión y esa versión de sí mismo constituye una categoría individual, el margen de mejora es minúsculo. Los jugadores NBA utilizan tiempo entre curso y curso, el verano de Estados Unidos, para descansar, recuperarse físicamente y pulir algún que otro aspecto, ya sea de acondicionamiento o bien técnico.

¿Pero qué más puede enriquecer cuando uno se llama Stephen Curry? ¿Qué barrera más se puede atravesar cuando has roto los registros individuales de cuando fuiste MVP de manera unánime?

Por muy difícil que sea de creer, siempre hay margen, siempre hay una arista más que pulir y a la que dar forma.

Pero el camino que hay que atravesar para conseguir el objetivo no es en absoluto sencillo, más cuando este se ha dejado todo sobre la cancha y ha vaciado su faceta más monstruosa tras un curso en blanco.

Lejos de que aquella 2020-2021 fuese el canto de cisne de Golden State Warriors y Stephen Curry, franquicia y estrella han probado que había un tramo más allá del horizonte.

Algo que no solo se explica a través de lo más evidente, el campeonato obtenido sobre Boston Celtics, ni siquiera por el registro de jugador con más triples en la historia de la NBA. De nuevo, la respuesta está en el juego y en algo más difícil de medir como es el sentir de un vestuario.

Desde fuera la trayectoria de Curry desde la derrota en las Finales de 2019 hasta el inmediato éxito en 2022 puede parecer que sigue una senda lógica, casi guionizada.

Caída, desolación, vacío, retorno, explosión, reencuentro y redención. Pero este no es el mismo Steph, no al menos en los términos que le definían justo antes de la debacle ante los Toronto Raptors.

Aquel jugador parecía imbatible, sus malas rachas siempre llegaban a su fin tarde o temprano, y sino había alguien a su lado que podía asumir una carga ofensiva igual o superior.

De ahí que la temporada 2020-2021 tuviera una importancia tan crucial en el desarrollo del jugador y de la propia franquicia, pues entonces aprendieron dos cosas: a perder de manera continuada y a gestionar los altibajos.

Dicen que ganar cura todos los males, pero también uno puede perecer de éxito y en la NBA hay un alto riesgo a individualizar en exceso las conquistas, cuando nada se consigue sin un colectivo que así lo sustente.

Este curso pasará a la historia en el caso de Steph por numerosos motivos. El principal, evidentemente, por el campeonato, segundo por su ansiado MVP de las Finales (31,2 puntos y un 44% en triples), y en tercer lugar por el récord de más triples anotados en la NBA.

Es preciso detenerse en este último hecho pues solo a través de lo que vivió Curry antes, durante y después puede comprenderse mejor la figura que ha alcanzado su mayor cima individual de carrera.

 







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