Apuntes Perdidos

LA COLUMNA





Por Marco Antonio Domínguez Niebla

El nombre que falta

El principio de la historia pocos quieren voltear a verlo, si no es que nadie. Un montón de reportajes, de crónicas y semblanzas. Todos vistos y desmenuzados. Todos vueltos a ver para detectar algún detalle que a la primera se me hubiera escapado. Pero no. Entre todos los comparecientes que cuentan la historia, nadie siquiera menciona ese nombre que me falta en la lista de personajes clave dentro de la historia. Los relatos narran sus primeros pasos apenas con tres años y su desarrollo natural como una futura estrella del deporte aún siendo un pequeño de esa edad. Todos los medios de influencia en México: Proceso, ESPN, Televisa, TV Azteca, Fox Sports, Récord, Esto, Reforma, El Universal, y hasta los pasquínes de menor categoría, difunden el hecho, cada quien a su manera, cada uno de acuerdo a sus alcances. Todos han llegado a narrar los sucesos recientes y a buscar los cimientos de la hazaña, de la gloria ya alcanzada después del sacrificio de años. Un día o dos en la ciudad, todos, para entrevistar a la mayor cantidad de gente posible. Reportajes de la más alta calidad. Producciones espectaculares. Testimonios conmovedores del chico que ha logrado convertir su sueño en realidad. Sus padres, los mejores contadores de cada capítulo, nadie como ellos para expresar, sin pesar alguno y sí con toda la satisfacción, la inversión familiar que ha entregado un atleta listo para ser absorbido por el estado ya hecho, ya formado. Su hermana, la cómplice que siempre ha estado con él en cada paso andado. Su entrenador, el soporte, la confianza, la comodidad, el continuador por más de una década del gran trabajo hecho en el proceso de formación y detección. Ya no leeré más ni veré más porque ya leído y visto todo lo publicado sobre el tema y porque algo me falta. Y sé que algo me falta porque yo estuve ahí, hace tantos años, con aquel entrenador que me hablaba emocionado de que recién había convencido a los padres de familia de apostar por sus hijos, de creer en ellos porque estaban a la altura de los mejores del mundo. El grupo era numeroso, pero el entrenador me hablaba de uno en especial, el más chiquillo. “Ese va a  llegar lejos, míralo, de mí te acordarás cuando lo veas en juegos olímpicos”, me decía. Está de más contar lo que pasó después. Los caminos del entrenador y el chiquillo se separaron. Hoy el chiquillo ya es un hombre de 22 años, un gimnasta hecho y derecho que se prepara para debutar dentro de unos días en Juegos Olímpicos. Y el entrenador sigue trabajando en lo mismo. Y cada que me ve, emocionado por detectar un nuevo talento, me dice con el mismo ímpetu de aquellos días: “así como te decía que te  fijaras en Daniel porque llegaría lejos, ahora te digo lo mismo: mira a ese niño, qué talento…”. Y es entonces cuando pienso: así es, Pavel, yo no puedo dejarte fuera de esta historia.

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