Apuntes Perdidos

LA COLUMNA





Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Grítaselo a tus ex

El debate es álgido. La temperatura aumenta cuando unos cuestionan el derecho del jugador para festejar como le dé su regalada gana el gol con el que ultimó a su antiguo equipo. Lo acusan de ingrato, malagradecido y un montón de calificativos más, por haber sido formado en esa institución y pararse frente a sus antiguos jefes para gritarles la euforia que lo invade al hacer el gol que le ha dado la victoria su nuevo equipo sobre su ex equipo. Para sus críticos, debió anotar el gol y contener la emoción por respeto a los colores que vistió durante tantos años y con los que se consolidó como el mejor en lo suyo. Agregan que no es válido que su festejo raye en lo humillante contra los mismos hombres que alguna vez se encargaron de firmar la nómina en la que él llegó a ser el mejor pagado entre todos sus compañeros. Los otros dicen que no, que no es para tanto y que el futbolista tiene el derecho de expresar su satisfacción porque la dicha de marcar un gol sólo la conocen quienes la han sentido y no existe poder humano que pueda apagar algo que nace del alma, el placer orgásmico que para algunos significa meter la pelota dentro del arco. Además dicen –en descargo del goleador– que no salió en los mejores términos del equipo con el que alguna vez fue identificado y que esa explosión violenta con la que celebró la anotación aniquiladora contra sus ex está más que justificada, como justificado está el derecho que tiene de gritar como quiera y contra quien quiera esa acción que se traduce en el éxito de lo trabajado durante largas jornadas de esmero y especialización en su nuevo entorno, donde puede ser más él, sin envidias ni mentiras de esos directivos cobardes que aún inventan historias para justificar el error que significó echarlo del equipo para tener contentos a un par de petardos que sólo pudrieron la atmósfera dentro del grupo antes de ser despedidos con una patada certera en salva sea la parte. Es momento de salir. Apago el televisor cuando los primeros insisten en cuestionar la supuesta deslealtad del goleador por su festejo. Pobres, pienso, esos no conocen el placer que se siente cuando goleas a tus ex, cuando haces añicos a los que provocaron tu partida cada vez que te enfrentas a ellos, con su respectiva celebración escandalosa e hiriente, claro está.

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