LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Ficciones
El periodista carece de evidencia. Sin embargo, el informante le dice que así fue, que todo es verdad y que jamás le mentiría. El periodista le agradece la confianza y le dice que prefiere buscar al funcionario al cual acusa, antes de publicar cualquier cosa. Asunto de ética, le explica. La respuesta parece no gustarle al informante, aun cuando se despide afable. Por desgracia, los primeros intentos del periodista por encontrar al funcionario son infructuosos. Poco después el informante insiste, vuelve a llamarle al periodista y le dice que el funcionario es responsable de todo y que no hay necesidad de tanta investigación ni de encontrarlo para que publique lo que todo mundo sabe. El periodista le reitera al informante que no tendría por qué dudar de su palabra, pero en este caso se trata de un tema de trabajo y no de una charla entre amigos. Lo tranquiliza diciéndole que ya está trabajando sobre el asunto, buscando voces disconformes que quieran manifestar su malestar para presentarlas como prueba, evidencia, y así estar a tono cuando encuentre al funcionario y le exponga las primeras preguntas. La respuesta no le gusta al informante que increpa al periodista, acusándolo de no querer problemas con la autoridad en cuestión. El periodista, sonriente, le dice al informante que no es así y que siempre ha seguido de cerca las acciones de ese funcionario, sólo que en este caso no posee los elementos suficientes para publicar las irregularidades que le señala. Además el periodista le recuerda al informante que le ha pedido no publicar su nombre en la denuncia y así no puede ser presentada una nota de tales características. El periodista le pide paciencia al informante y le asegura que la nota será publicada con equilibrio. El informante le dice al periodista que equilibrio no puede haber cuando los inconformes son todo un grupo, una comunidad entera que no merece los abusos de una dependencia corrompida. El periodista le repite al informante que publicará el material hasta que haya comprobación de lo acusado y todos los integrantes de ese grupo o comunidad -o como quiera llamarle a ese ente anónimo- se atrevan a ponerle nombre y apellido a sus señalamientos. Más tarde, el informante le agradece al periodista, en tono irónico, antes de anunciarle que ya no es necesario que le dé seguimiento a la información que le ha hecho llegar, porque en otro medio les interesó más la nota y allá no necesitan tanto trámite para publicar algo: ni investigación, ni comprobación y mucho menos la réplica del funcionario cuestionado. El periodista le dice al informante que no se preocupe, que igual seguirá ocupado en el tema, pero alejado de golpeteo sin argumentos ni datos contundentes. Por lo pronto, le dice el periodista al informante, mis notas son periodísticas, la ficción la reservo sólo para enriquecer algunas columnas.




