LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Verdes contrastantes
Va pasando de grupo en grupo. Cada grupo es un conglomerado de cámaras, micrófonos y grabadoras. Todo en poder de los representantes de medios que esperan cuando menos una declaración de él. Cuando sale, sorprende a todos por su disposición. Es paciente. Incluso, demasiado paciente. Escucha cada pregunta y responde con gento amable. Si el reportero que lo cuestiona habla demasiado bajo o se enreda con la pregunta, él no se desespera; aguarda a que el galimatías sea resuelto por el emisario atolondrado y entonces da réplica. Habla de todo. La difícil cancha de pasto sintético. El paso irregular de su equipo. La selección nacional. La afición rival. Las expectativas que hay puestas en él y en las posibilidades del plantel que ha llegado a reforzar en la recta final de su carrera. También toca otros temas. Copa Libertadores. Futbol mexicano. MLS. En su camino por la zona mixta, desestima la gravedad de la falta que ocasionó la expulsión de su rival y que casi le dobla la rodilla. De la misma manera, dice que la segunda tarjeta amarilla que estuvieron a punto de sacarle y que finalmente no salió, fue cosa del árbitro. Algunos jugadores aprovechan que la mayoría de la prensa está centrada en él, para escabullirse sin opinar sobre el encuentro sostenido entre dos de los equipos que representarán a México en Sudamérica. Todo, absolutamente todo, abordado por el internacional mexicano. En la frente luce una especie de rasguño y sobre su rostro recién habrá pasado, después de la ducha, uno de los rastrillos de la empresa que le patrocina y que le obliga a no mostrar sombra alguna que azulee mejillas, barbilla y bigote. Las mujeres presentes, bromean. Lo miran y comentan. Pero ni siquiera él, que ha tocado las más grandes alturas del futbol internacional como parte del equipo cuyo estilo ha revolucionado las formas y ha enaltecido la estética de juego, se salva del menosprecio de la afición y los mismos comunicadores: la opinión pública que hoy minimiza su legado. Tras cumplir con cada reportero que lo ha requerido, Rafa se dirige al camión del León que tiene como destino el Aeropuerto de Tijuana. Ahí mismo se encontrará con Nery, aquel futbolista célebre por un solo juego: fue en 2007 durante la Copa América cuando México se impuso a Brasil. A diferencia de Márquez (ganador de dos Champions League con el Barcelona y tres veces mundialistas por México), Castillo (devaluado ex delantero de un montón de equipos), pasó momentos antes por la zona mixta, desdeñoso, mudo, sin argumentos. Tal como lució sobre la cancha sintética esa noche de sábado, vestido de verde.




