LA COLUMNA DE LOS TOROS

Por Armando Esquivel
“COMPAÑEROS FAMOSOS”
Por allá en el 2007 y 2008, Jorge Campillo jugó con Bravos de Atlanta en las Grandes Ligas; el “Popeye” tuvo el privilegio de compartir esos años de su vida con muchos peloteros de gran nombre y que ahora están ya en el Salón de la Fama.
Para irnos rápido, en esos equipos del 2007 y 2008, el pitcher tijuanense, quien ahora se desempeña como director deportivo de los Toros de Tijuana en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), compartió el “clubhouse” con los estelares lanzadores Greg Maddux, Tom Glavine y John Smoltz, los dos primeros ya son miembros del Salón de la Fama y el tercero se les unirá en la próxima generación, luego de que fuera elegido apenas esta semana.
Campillo recuerda a Smoltz y Glavine de una manera especial y el primer calificativo que se le viene a la mente es la humildad y luego, la disciplina para trabajar.
Me comenta que, por ejemplo, Glavine era un gran competidor y siempre quería ganar en todo y para eso siempre se preparaba. Recuerda que en el basquetbol Glavine era muy bueno para jugar, incluso alcanzaba a “clavar” la bola.
En el tenis de mesa nadie le podía ganar, y así me enumeró varios deportes y pasatiempos en los que Glavine siempre ganaba. Era sabido que Glavine también era muy bueno para jugar hockey sobre hielo y para el golf.
En el golf, en ocasiones cuando los Bravos andaban en pretemporada por allá en Florida, Glavine se reunía para jugar con Tiger Woods y al día siguiente, Glavine lo recibía en un campo de béisbol y le lanzaba a Woods rectas de más de noventa millas.
Campillo le contó a René Mora y a Homobono Briseño el martes en el programa de Tribuna Deportiva que pasa por la cadena PSN, una anécdota que tiene de Glavine y Smoltz.
Ambos lanzadores hacían bullpen juntos y nadie se acercaba a ellos cuando trabajaban, pero en una ocasión, Campillo recuerda que el coach de pitcheo le habló para que pasara al bullpen mientras el par de estrellas trabajaban.
Como eran de pocas palabras cuando trabajaban, a Campillo se le hizo muy raro ese llamado, incluso pensó que se trataba de una broma, pero al llegar al bullpen se sorprendió por la petición que le hicieron.
Resulta que Campillo era muy conocido por el temido y singular cambio de velocidad imbateable que manejaba y con el que se abrió paso en Grandes Ligas y tanto Glavine y Smoltz querían que el tijuanense les compartiera un poco de sus secreto y los ayudara a mejorar ese lanzamiento.
A Campillo le quedó muy claro la humildad de ambos lanzadores al pedirle que los viera a los dos lanzar su cambio y que les dijera si estaban haciendo algo mal. Eran unas estrellas consagradas y seguían trabajando, querían mejorar y aceptaban que el cambio de velocidad de Campillo era mejor y buscaban mejorar el de ellos, por eso ahora son parte del Salón de la Fama.
También cuenta Campillo que en juegos en los que salía vapuleado, en ocasiones se sentaba triste en el dugout luego de haber sido removido por Bobby Cox y, aunque se acomodaba cerca tanto de Glavine, como de Maddux y Smoltz, ninguno de los tres le dirigía alguna palabra de aliento o consuelo, nadie decía nada.
Un día que también había sido apaleado, el “Popeye” hizo lo mismo de sentarse junto a ellos, pero ahora sí les preguntó que había hecho mal y su sorpresa fue grande al recibir consejos de Maddux y Glavine acerca de cómo mejorar en la lomita y las razones por las que le habían bateado a discreción.
“¿Y por qué no me lo habían dicho antes? “, les dijo Campillo. “Pues porque nunca nos preguntaste antes”, le contestaron.
Aunque fueron dos años de carrera juntos, Campillo hizo buena amistad con los tres, en especial con Smoltz, a quien saludo en diciembre en los Winter Meetings del béisbol que se desarrollaron en San Diego.
Recuerda que en una ocasión que jugaron en Atlanta y luego volaron a Filadelfia le tocó subir en el elevador junto a Smoltz para dirigirse cada quien a su habitación. Smoltz había lanzado en Atlanta con rectas de 95 millas por hora y le comentó a Campillo que estaba seriamente pensando en la posibilidad de operarse porque su brazo ya estaba lastimado y le causaba problemas.
“Al principio pensé que era una broma”, dice Campillo. “Yo me quedé pensando que cómo era posible que dijera estar mal del brazo y quisiera operarse cuando se mantenía lanzando rectas de 95 millas. Yo tiraba a 88 millas mi recta y no necesitaba operación”.
Otro día, Chipper Jones se le acercó a Campillo y le dijo que tuviera mucho cuidado porque muchos equipos y jugadores lo tenían “scouteado” y ya sabían cuando iba a tirar su cambio.
El “Popeye” se preocupó un poco y le preguntó a Jones como era posible que ya supieran que venía con cambio.
Su compañero le explicó: “Mira Jorge, cuando el receptor te pide recta tú dices que sí o que no con cara seria; cuando el catcher te pide curva es igual, tú aceptas o te niegas con cara seria, pero cuando el cátcher te pide el cambio, tú aceptas siempre y lo haces con una sonrisa en tu cara que te la ven en todo el estadio”.
¿Sería una broma?, sólo ellos dos lo saben.
Era tan difícil de batear su cambio que en ocasiones lanzaba cinco cambios de velocidad a un rival en un mismo turno al bat, aunque acepta que de sus ponches la mayoría fueron con recta, ya que era con ese lanzamiento con el que sorprendía a los enemigos que siempre estaban atentos al cambio, aunque ni así le podían batear a esa pichada.
Ahora, los tres estelares tienen un espacio reservado en el nicho de los inmortales y a Campillo le queda el orgullo de haber jugado junto a ellos.
Saludos y nos vemos en la parte alta del estadio Gasmart SDQ.
Goodbye Horses…!!
aesquivel@torosdetijuana.com
Twitter: Paupa11

Licenciado en derecho por la UABC.
Fue reportero de Sol de Tijuana y ESTO.
También desempeñó funciones de reportero y editor de deportes de Frontera Tijuana, Frontera Ensenada, Frontera San Diego y La Crónica de Mexicali.




