Marco Deportivo :: Invitados y corridos

La mamá del gimnasta le dice al periodista que dentro de un día su hijo viajará a Japón y le pregunta si puede ir a entrevistarlo.
El periodista le responde que sí, que cuál es la hora más cómoda para visitarlo sin interrumpir su último entrenamiento antes del campeonato mundial.
La mamá del gimnasta le recomienda asistir entre las doce del día y la una de la tarde.
El periodista le confirma: jueves entre doce y una, ahí estaremos.
La mamá se despide agradeciéndole a nombre del entrenador de su hijo, quien, le dice, sugirió la entrevista.
El periodista acomoda su agenda para pasar por su hija a la escuela, a las doce del día, y estar a tiempo en el horario establecido por los solicitantes de la entrevista.
Veinte minutos después de las doce, el periodista llega al gimnasio junto a su hija y el fotógrafo, justo cuando el gimnasta se encuentra sobre la barra dando una demostración del talento que lo tiene cerca de convertir en realidad su sueño de toda la vida.
Para dejar que el gimnasta trabaje con tranquilidad, el periodista empieza por entrevistar al entrenador, mientras el fotógrafo aprovecha para captar imágenes del gimnasta en plena acción.
El entrenador es generoso en las respuestas, se extiende, explica, detalla de tal manera que la entrevista dura alrededor de media hora.
El periodista, al concluir la entrevista, sigue charlando con el entrenador, pero al notar que las miradas de reojo hacia su dirigido son cada vez más constantes le recomienda regresar a trabajar.
El entrenador le toma la palabra y le dice que en diez minutos terminará la práctica del gimnasta, para que después pueda entrevistarlo.
El periodista le agradece y espera sentado al otro costado del gimnasio, junto a su hija y el fotógrafo.
La hija juguetea con una pequeña pelota que le regaló el fotógrafo y el periodista le sugiere que la guarde para evitar cualquier distractor que pueda desconcentrar al atleta que trabaja a metros de distancia.
El periodista, su hija y el fotógrafo charlan en voz baja, viendo el entrenamiento.
De pronto, el gimnasta detiene el ejercicio sobre las barras paralelas.
A la distancia parece molesto.
El reportero lo advierte.
El gimnasta llama al entrenador y le dice algo.
El entrenador voltea hasta el otro costado del gimnasio, donde están el reportero, su hija y el fotógrafo, y va hacia ellos, apenado, para decirles que el gimnasta tuvo una mala rutina en barras paralelas, que está muy enojado, que no es el mejor momento para entrevistarlo y que el entrenamiento no terminará en diez minutos.
El reportero le pregunta si el gimnasta está muy enojado porque ellos se encuentran ahí, y entrenador responde que no, pero que… tal vez.
Los tres, el reportero, su hija y el fotógrafo, deciden retirarse para no complicar al entrenador y para no perder más tiempo esperando a alguien que no quiere ser entrevistado.
Cuando los tres están a punto de salir, el gimnasta pasa al lado de ellos y, todavía molesto (quizá mareado), ni siquiera voltea.
Al salir, los tres comentan lo sucedido y coinciden en desearle lo mejor a Daniel tanto en el mundial como en los panamericanos, pero sobre todo esperan que ni en Japón ni en Guadalajara vaya a recordar el último entrenamiento en casa.
No vaya a ser…
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