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Por Fernando Ribeiro Cham

Pitágoras y el deporte

Hay momentos, frases, personas que te cambian el “chip” para el resto de los días. Como profesionista de la actividad física y el deporte esto sucede a menudo ya que las áreas que convergen sobre estas disciplinas son múltiples.

Mientras usted ve una serie de “lagartijas” o press de pecho, quienes decidimos dedicarnos a esto, “observamos” variables de intensidad, fuerza relativa, frecuencia cardiaca, compensación o súper compensación, homeostasis, músculos sinergistas y tantos otros conceptos que de ninguna manera son ajenos al propósito de mejorar el rendimiento o el estado general de salud corporal.

Lo anterior se vuelve rutinario y encontrar algo novedoso resulta sustancial y también grato.

Cuando estaba de intercambio realizando una estancia de estudios en Nuevo León, fui testigo de una conversación que definitivamente cambió mi percepción sobre el grado de especialización técnica de nuestro quehacer.

Habrá sido por allá del 2007 cuando en el aula de clases, un ingeniero se disponía a iniciar el curso con sus alumnos en la asignatura de biomecánica. El docente, de apellido Bugdud, lanzó una atrevida afirmación que caló en el ego de quienes habíamos cursado ya algunos semestres. “Soy mejor entrenador de atletismo que cualquiera de ustedes”. De inmediato el asombro se presentó en el auditorio, siendo mayor en aquellos que habían sido atletas en su etapa como deportistas.

Cómo osaba un ingeniero disparar tal aseveración. Bugdud preguntó cómo hacíamos para evaluar un salto de longitud a lo que uno de los compañeros replicó, “vemos la carrera del saltador, después evaluamos su vuelo y finalmente su caída”, continuó, “al finalizar sabemos si lo hizo bien o mal”. Bugdud había dado donde quería. “El bien y mal son valores subjetivos. Esa evaluación puede hacerla cualquiera y ustedes deben prepararse para ser objetivos, pues el deporte es como muchas áreas, una que está supeditada a la evaluación objetiva. Ustedes no pueden permitirse decirle a un atleta que hizo bien o mal una ejecución, deben decirle la razón y justificarla con evidencia”.

La respuesta fue un chispazo que hoy sigue presente en mi persona. El ingeniero lanzó una pluma y alguien de la segunda fila la atrapó. “Ese es su saltador, un saltador que salta hacia arriba y hacia enfrente, un saltador que recorre una distancia y dura determinado tiempo en el aire, la diferencia entre el tiempo que despega y el tiempo de contacto con la arena”. Después todo fue regresar a los tiempos de la secundaria o preparatoria. Los catetos y las hipotenusas se hicieron presentes, lo mismo que Pitágoras y sus ángulos de noventa grados, finalizando con los marcos de referencia y la comparación.

Fue un momento, al menos para mí, de iluminación. Nos desarrollamos cognitivamente cuando cuestionamos lo conocido.

Jamás volví a ver el deporte como un aficionado. En aquel momento y con algo que hoy considero básico, Bugdud encendió la luz.

La experiencia me dice que en la medida en que el deporte sea considerado como una actividad en donde tanto las ciencias sociales como las exactas convergen para su estudio, su desarrollo será con mayor celeridad.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de educación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.

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