LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Banquete y despedidas
Comía y comía bien. Los platillos llegaban a la mesa y todos pasaban por él. Pescados, cocteles, langosta y burritos para terminar. Era como si quisiera recuperar el tiempo perdido, olvidar las dietas criminales a las cuales se había sometido por años para llegar a punto a cada fecha firmada en camino al estrellato. En corto, hablaba como siempre, igual que en las entrevistas: directo, sin morderse la lengua ni guardarse opiniones, tal como recién lo había visto en el cine por aquellos días, diciendo: “Cuando finalmente estás cobrando bien, dime tú, ¿te quieres ir?”. Así aparecía en la cinta de Diego Luna, “J.C.”, explicando, como invitado especial, el retiro tardío y la decadencia de los últimos años como boxeador en activo de Julio César Chávez. Ese hombre que comía sin pausa, hablaba de una última pelea ante su gente para despedirse de manera digna, a los 31 años, después de perder sus últimas cuatro decisiones. “Tengo fuerza para hacer una pelea y ya, me ha ido muy bien, pero llegó el momento de decir adiós”, reiteró, convencido, después de la plática off the record, ya con la grabadora de por medio, cuando los platillos habían sido debidamente consumidos, sin la preocupación de cuidar el peso para la siguiente cita sobre la báscula. A final de cuentas “la última pelea, la de la despedida” aún no tenía fecha definida. Apenas dos meses más tarde de esa visita a Ensenada –donde recordó sus inicios como boxeador amateur, “cuando veníamos a pelear por tortas al PRI”– cambió de opinión y la pelea de despedida fue aplazada por otro compromiso que aceleraba el retiro del entonces campeón mundial en tres diferentes categorías: super gallo, pluma y super pluma. Todo un histórico, un grande del boxeo retirado con la dignidad intacta y las finanzas sanas, listo para asumir un cargo público en el gobierno municipal de Tijuana. El gran deportista de la ciudad a cargo del instituto del deporte de su ciudad. Conforme pasaron los meses aumentó su peso y disminuyó su interés por la nueva encomienda. Al poco tiempo, escasos meses, solicitó licencia. “Vuelvo al boxeo”, anunció el “Terrible”. Dieta rigurosa para regresar. Y volvió. Siete peleas desde entonces. Tres perdidas. La última fue hace unos días, Erik Morales, de 36 años, con la mirada perdida y vapuleado, despedido del cuadrilátero mediante un certero izquierdazo propinado por un hombre de 24: el actual campeón. “El tiempo pasa y ya no tengo nada que hacer en el boxeo”, sólo “una pelea más, la de la despedida en Tijuana” antes del adiós, dijo aún convaleciente tras la golpiza, tal como lo declaró aquella tarde de septiembre de 2007 frente al banquete de mariscos.



