LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Entre Marthas…
Avanzo casi corriendo hasta Martha, que ha avanzado casi corriendo cuando se ha percatado de mis intenciones. La alcanzo y su actitud es la misma de siempre, la misma desde la primera vez que avancé casi corriendo hasta ella para requerirle una entrevista. Su respuesta también es idéntica: Martha me dice que no puede declarar, que no le dan permiso. ¿Y a quién hay que pedirle permiso para que la dejen declarar, Martha?, pregunto. A ella, responde. Ella también es Martha, la otra Martha, la nueva directora de comunicación social de gobierno municipal. Muy bien, Martha, le digo, yo le pido permiso a la otra Martha para que la deje declarar. Camino abriéndome paso entre un montón de gente que rodea al alcalde afuera del campo de beisbol donde se desarrolla la escena y llego hasta ahí frente ella, la mismísima, la otra Martha. Disculpe, le digo a la otra Martha, quiero entrevistar a Martha, pero me dice que tengo que pedirle permiso a usted para que la deje responderme un par de preguntas. No, me dice la otra Martha, yo no tengo que darle permiso para que te conteste, pero ahorita no puede darte entrevista. ¿No puede?, pregunto acompañando mi sorpresa por una sonrisa tan incrédula como irónica, ¿por qué no puede? Martha no puede concederte entrevista, reitera la otra Martha, porque va a un evento con el alcalde. No se preocupe, le digo a la otra Martha, será rápido, dos o tres minutos (calculo de acuerdo a la extensión de las respuestas de Martha en las dos o tres entrevistas que me ha concedido a regañadientes, siempre obligada por las circunstancias, en casi dos años de trabajo al frente del instituto del deporte municipal). No puede, me dice enérgica, si gustas haz una cita y te agendamos una entrevista durante la semana. ¿Durante la semana?, le pregunto a la otra Martha, todavía esperando que rectifique y me permita formular un par de cuestionamientos sobre los temas que han generado varios escándalos recientes por el hermetismo de Martha. Sí, en la semana, ¿y cuál es tu nombre?, dispara la otra Martha, como para develar la identidad de quien insiste ya más por alargar la anécdota que por obtener lo que es un hecho que no obtendrá, según los antecedentes de Martha. Cuando le digo mi nombre, la otra Martha responde con un “mucho gusto” y se pone a “mis órdenes” para cuando desee entrevistar a Martha, claro está, mediante la respectiva solicitud de entrevista con la respectiva posibilidad de que ésta, de acuerdo a la experiencia, sea cancelada días, horas o minutos antes de su realización. Ahí luego la busco, le respondo a la otra Martha sobre su ofrecimiento de entrevista con Martha. Nota ya no logré, pienso en silencio, pero columna ya llevo.



