LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Marce
Es de esos tipos que habla con tal pasión de su trabajo que es fácil admirarlo por eso: por vivir de lo que le place, de la profesión que lo hace sentir realizado, pleno. Lo conocí en un ámbito que poco tiene que ver con el suyo, aun cuando desarrolla ambas tareas con la misma dignidad. La profesión en perfecta comunión con la afición. Mesero de los buenos. Beisbolista de corazón. El comportamiento del turista europeo varía de acuerdo a la nacionalidad: un español es distinto al francés y al italiano y al inglés, y ya no se diga al norteamericano y el mexicano, el argentino o cualquier sudamericano. La propina también es cambiante, según el origen del comensal. Asimismo el trato y las costumbres a la hora de consumir la langosta o los pescados o cualquiera de los mariscos que él se encarga de recomendar y luego servir. Me ha hablado de eso con un conocimiento que ya envidiaría cualquier sociólogo, y de la misma forma me ha hablado de cuando era un chamaco recién llegado de Tamaulipas y se subía al montículo para librar batallas que quedaron grabadas en su memoria para después compartirlas con una nitidez que aún lo emociona en cada relato. La catadura moral del caballero en cuestión queda de manifiesto con un valor tan difícil de encontrar en esta y en cualquier época: la lealtad. Ese valor, precisamente, es el que lo ha llevado a incursionar en tareas que tal vez ni él mismo imagino durante aquellos años en los que llegó a Ensenada para iniciar una nueva vida junto a su mujer y sus hijos, temas asimismo recurrentes en sus conversaciones. Hombre agradecido con los integrantes de la familia que lo ha adoptado como uno más y de quienes se expresa con un agradecimiento y un afecto sinceros, exentos de cualquier pose o conveniencia. Se trata de un tipo feliz con lo que hace y con lo que ha logrado, un tipo realizado a través del oficio, el deporte y su familia: los Córdova. “Todos mis hijos, desde el mayor de veintiocho hasta la menor, tienen carrera universitaria, les he dado una profesión”, dice con el orgullo del padre que ha alcanzado la mayor de las metas en la vida. Por esa amistad surgida del trato, para mí siempre ha sido más fácil tener la información de primera mano en las ligas que le han encomendado para desarrollar funciones directivas. Vaya desafío que tiene la nueva directiva de la Liga Instruccional, ahora que Marcelino deja la presidencia. Por lo pronto ya no nos encontraremos en ese ámbito. En el otro, sí. Y es que para mí es fácil decidir la mesa en la que comeré cuando voy al restaurant de los Mancilla. Siempre es una de las que están dentro de su jurisdicción.



