Apuntes perdidos

Apuntes perdidos







Por Marco Antonio Domínguez

Norteados. El juego que era en tal campo y a tal hora ya no será en tal campo ni a tal hora, será en otro campo y a otra hora. La jornada programada en tal gimnasio no será en tal gimnasio, será en otro gimnasio. Fue el primer día de cobertura. Cruzamos los dedos en espera de mejor suerte durante el martes, segundo día de la Universiada Regional en Ensenada.

Rearmando la entrada. Escribes la nota para enviarla de inmediato. Tienes la entrada perfecta: pocas palabras, pero suficientes para iniciar la historia. Las primeras líneas están listas. Faltan cinco minutos. Revisas el texto y te dispones a esperar el silbatazo final. Sólo resta oprimir la función de “enviar”. Pero a tres minutos del silbatazo final, tu entrada perfecta cae hecha pedazos, desmoronada. Aquello de “Tercera derrota consecutiva, quinta en seis juegos para Xolos, después de perder con Monterrey 2-1”, ya no sirve. La “Culebra” te hace cambiar esas primeras líneas, que finalmente quedan así: “Duvier Riascos, con un gol a tres minutos del final, salvó a Xoloitzcuintles de perder su tercer encuentro consecutivo, quinto en seis juegos. El atacante colombiano hizo el 2-2…”.

Inédito. Cada año, uno o los dos como protagonistas de la final. Siempre uno o el otro campeón. Sólo una vez en muchos años ninguno de los dos fue campeón, pero hasta en esa ocasión uno fue sub campeón. Los que adelantaban que la final sería entre Octopus y Mariscos Bahía, los equipos dominantes durante las dos últimas décadas, erraron. Habrá nuevo campeón y sub campeón en la Liga Industrial Comercial de Beisbol. Ericeros y Delfines han derrumbado todos esos mitos nacidos a fuerza de la costumbre.

Mesita “encampañada”. El empleado se esmera en la tarea. La mesa está patas hacia arriba. El empleado da los brochazos necesarios a un costado de la taquilla principal. Las patas empiezan a lucir el mismo color del resto de la mesa. El empleado aplica con disciplina ese tono verde que uniforma la mesa con todo lo demás que hay en la unidad deportiva, todo aquello que hace apenas dos años y medio lucía tan azul.

Entre banderas y gritos. Son muchos. Cientos. Tal vez más. Gritan con euforia cuando el hombre lanza frases mesiánicas. Todos quieren algo, por eso prefieren creerle, por eso van a verlo y a escucharlo. No estuve entre ese montón de banderas tricolores agitadas con fervor frente al hombre que se expresa como redentor. Lo leí por ahí. Las únicas banderas que vi y los únicos gritos eufóricos que escuché este fin de semana fueron en el estadio de futbol. Ahí sí estuve. Por fortuna no escribo de política. Escribo de deportes.

Ni trabajo ni descanso. Me preguntan si descansaré el lunes festivo. Respondo que no. Me preguntan que cuándo descanso. Respondo que nunca. Me preguntan si trabajo todos los días. Respondo que no, que no trabajo nunca. Sólo me siento a escribir todos los días.