Apuntes perdidos






Por Marco Antonio Domínguez

¿Deporte?, ¡no!, ¡vino! Pelayo habla de las bondades de Ensenada. Subraya “las virtudes” de la zona del vino. Invita a los presentes “a degustar” y “a disfrutar” los vinos de la región. Luego los exhorta a conocer la región, pero reitera su deseo de que los presentes acudan a probar “los vinos que aquí se producen”. Pelayo insiste. Los asistentes ríen ante la insistencia. Pelayo ríe también, feliz por la sugerencia. Los demás invitados de honor, todos portadores de las chamarras verdes representativas de la universidad local, ríen junto a todos cuantos han llenado el gimnasio universitario de Valle Dorado, pero las de ellos son risas nerviosas, incómodas. Pelayo, el que se empeña en que los presentes tomen vino, mucho vino de la región, es alcalde Ensenada. Los presentes, tan convidados por Pelayo a degustar y disfrutar los vinos de la región, son estudiantes universitarios en plena competencia. Vienen de Sinaloa, Sonora, Baja California Sur y el resto de Baja California. Están en Ensenada para representar a sus instituciones académicas en la Universiada Regional.

Sinaloenses heroicos. Pelayo habla mucho. Demasiado. Su discurso, leído, se prolonga, se alarga, se eterniza. El texto está lleno de frases hechas, de citas comunes. El esfuerzo, el tesón, la entrega, la disciplina, el talento, la salud y todas esas cosas que dicen quienes no tienen idea de deporte cuando hablan de deporte. Cuando el discurso rebasa los cinco minutos, empiezan los aplausos irrespetuosos que tratan de acelerar la lectura de Pelayo a ese mensaje somnífero, aburrido, acartonado. Las expresiones llegan desde la delegación más escandalosa: la sinaloense. Del grupo de chamarras guindas, surge un segundo intento por apagar con aplausos la verborrea estéril del señor al que han presentado como el presidente municipal de la ciudad. Todo ha sido inútil. Al terminar el discurso todos aplauden, tal vez aliviados. En realidad, ignoro el motivo de los aplausos, pero yo también aplaudo. Aplaudo ese esfuerzo gallardo de los chicos sinaloenses por acelerar ese trámite lento, provocador de bostezos.

Rector de su tiempo. El rector de la universidad local, la UABC, también se presenta a dar su discurso durante la inauguración de la Universiada Regional en Ensenada. Recién, Saúl Castro, director del instituto del deporte estatal, había salido airoso: le siguió a Pelayo en el orden de los discursos y lo hizo bien, conciso, sin palabrería inútil ni hojas mal dobladas y mal leídas. Cuando toca el turno del señor Cuamea pide la paciencia de los presentes. Les dice a los ya inquietos deportistas que será breve para no cansarlos después de que algunos, incluso, compitieron ese mismo día. Solicita que le den tres minutos. Ni más ni menos. Sólo eso pide antes de dar su mensaje. Cuando finaliza, detengo la grabadora donde ha quedado capturada la voz del rector de la UABC. En el contador de tiempo aparece la cifra prometida por el señor Cuamea: tres minutos exactos. Sólo eso. Ni más ni menos.