NataliaBotello






Mexicali, Baja California.- No quería hacer esgrima. Quería racquetbol. Pero su descubridor insistió hasta lograrlo. Un año después, ya era la mejor esgrimista de su categoría en México.

Tampoco hizo conexión de inmediato con Alain Tandron, por “regañón”. Hoy lo considera “un segundo padre”. Y junto a él, festejó los Premios Estatales del Deporte de Baja California entregados a la mejor atleta y el mejor entrenador.

Natalia Botello vive a ritmo de vértigo su carrera deportiva, tan precoz como exitosa: con 15 años recién cumplidos, ya presenta en su lista de logros el Premio Nacional y el Premio Estatal del Deporte.

“Siento que es una bendición. El año pasado nadie sabía nada de mí, así que todo ha venido a ser un cambio total en mi vida”, refirió la campeona mundial juvenil en Bulgaria y ganadora del Campeonato Panamericano Junior en La Habana.

“Primero no quería hacer esgrima; me gustaba el racquetbol. Erik Gutiérrez me detectó en el Colegio Niños Héroes e insistió en que fuera a esgrima. Pero al principio no me gustó porque (Alain) Tandron es muy regañón”, relató.

Sin embargo, el detector de talentos no claudicó en su labor de convencimiento.

“Erik habló con mi mamá para pedirle que probáramos un año, y si no me gustaba, podría ir a racquetbol. A los seis meses fui a la Olimpiada Nacional de Puebla 2014, quedé en el sexto lugar nacional, y un año después, en Monterrey, rompí el récord de medallas de oro para Baja California con 239”, recordó.

Su perfil zurdo y su antecedente en el ballet fueron las cualidades que, en opinión de la campeona del Campeonato Panamericano Senior de Montreal, fueron detectadas desde que la evaluaron aquella primera vez.

“Toda mi vida practiqué ballet y mis piernas son muy fuertes, algo fundamental para hacer esgrima. Creo que eso, y ser zurda, es lo que vieron en mí desde que empecé”, consideró.

Por su permanente salida a competencias internacionales, Natalia se ha ajustado a un régimen escolar de acuerdo a las necesidades de una seleccionada nacional.

“Estudio la preparatoria a través del curso examen Ceneval y no tengo que ir diario a la escuela; estudio y hago los exámenes, entonces no he vivido tanto eso de que estar contando este tipo de cosas (reconocimientos) con mis compañeros, y tampoco me gusta hacerlo porque siento que sueno presumida”, apuntó.

Inspiraciones

De las dos olímpicas a las que encontró en el gimnasio durante su proceso a Río, señaló: “Para mí son  inspiración. Tenía la meta de ser compañera de ellas en competencia y no me alcanzó porque Tania (Arrayales) se retiró, pero ahora que está como entrenadora, me ayuda en cosas que no veía, errores que he podido corregir”.

“Y con Julieta (Toledo) sí puedo compartir equipo; ella para mí es una persona muy cercana, de confianza, una amiga con la que puedo contar”, reconoció.

La influencia de ambas y la admiración que les profesa también es motivo de confianza rumbo a su aspiración olímpica: “sé que si ellas lo lograron, yo, trabajando con su mismo esfuerzo y dedicación, puedo lograrlo”.

“Cuando las vi en Juegos Olímpicos fue un orgullo saber que son mis compañeras, y sé que en 2020 puedo llegar, con la misma fe que puesto hasta competir en lugares que nunca imaginé”, afirmó.

Por lo pronto, “la meta es llegar a Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, ganarlos, y entonces sí pondré toda la energía en calificar a Tokio”.

Y piensa hacerlo con la guía de aquel entrenador a quien, en primera instancia, rehuyó: “Alain es como mi segundo padre, son cuatro años conviviendo con él a diario y es una persona muy importante en mi vida. Siempre lo reconoceré, porque gracias a sus enojos y sus gritos me ha ayudado a llegar al lugar en el que estoy”.







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