Argentina-Islandia








Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Héroe y villano. Un guion que ni mandado a hacer. A la medida. Penal y oportunidad para que el cada vez más cuestionado mejor jugador del mundo disipe dudas, calle bocas de una vez por todas, y acabe con la igualada. Al final, ni lo primero ni lo segundo ni lo tercero. Leo cobra, pero el marcador sigue sin moverse a partir de entonces y hasta el final del partido. El héroe fallido de la jornada ha renunciado a tal rol para cedérselo a un cineasta islandés convertido a portero, ahora célebre, más que por los cortometrajes, los videos o los comerciales realizados en el desempeño de ese oficio, por haber salido triunfador en el duelo, mano a mano, frente a la figura más seguida sobre la cancha moscovita, rescatando un punto en el debut mundialista de su selección, nada más y nada menos que ante la bicampeona Argentina. Hannes Halldórsson ha sido el héroe de su propia historia. Messi, con ese gesto de angustia (cabeza gacha, dedos meciendo el copete) que lo acompaña cuando las cosas no van, sobre todo si tiene compañía albiceleste y no blaugrana, ha sido el villano de la suya propia.

De madrugada. A las tres me sonó el despertador. Tan temprano, o tan tarde, de acuerdo a los hábitos de cada uno, cayó por acá el Francia-Australia. Juego de decisiones consultadas a la tecnología, el VAR y el Ojo de Halcón, que avalaron los dos goles de Francia, y tal vez influenciaron el único, convertido de penal, por los australianos. De esa selección aspirante a ganar su segunda copa del mundo nada que contar. Ni la vi. Tal vez no estaba del todo despierto.

Ni de penal. Entre tanta selección con más dudas que certezas, ver al Perú del argentino Gareca resulta un deleite. Los daneses lograron salir del agobio frente al acecho del equipo de la banda roja, que llegó una y otra vez. Como buen equipo nórdico, Dinamarca cuenta con algo de lo que su rival careció: frialdad, contundencia en la definición. Y con una les bastó. En contraste, a Perú, de tantas generadas frente a la meta rival, ni siquiera un penal a favor, errado por Cueva, le alcanzó para sumar en su regreso a mundiales después de 36 años. Los técnicos de Francia y Australia habrán de estar preocupados, más por el derrotado que por el vencedor.

Anarquía. Nigeria ni cambia ni aprende. Sus jugadores, tan atletas como anárquicos, siguen sin dar el estirón en mundiales. Y al parecer así seguirán, instalados en aquella lejana promesa nacida en los noventa que los apuntaba como representantes del futbol africano para disputar los primeros planos de las copas del mundo. Esta vez tuvieron enfrente a los croatas, actuales líderes del grupo también compartido con argentinos y finlandeses, que fueron efectivos, prácticos y piadosos. Sólo dos por cero.







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