DIARIO HASTA LA FINAL (Día 4)


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
No sé nada de futbol. No podía creerlo: Alemania, la campeona del mundo que apenas un año atrás había goleado a la selección mexicana en la Confederaciones, sometida por el mismo rival y en plena Copa del Mundo. Quería creerlo. De verdad que quería. Pero no podía. Fue hasta la recta final del juego cuando empecé a contemplar que la hazaña era posible. Entonces, Alemania se diluía y México se enseñoreaba. Horas atrás, un par apenas, a las ocho por la mañana (luego de ver la derrota tica ante Serbia), me parecía imposible que Osorio, el técnico colombiano de las rotaciones y del 0-7 contra Chile y el 1-4 con Alemania en juegos a eliminación directa, pudiera pasarle por encima a Joachim Löw, el mejor seleccionador de las últimas copas del mundo. Mucho menos creí que Herrera y Guardado, sin un contención natural, pudieran salir airosos de la batalla por el medio campo sobre dos titanes en esa tarea: Kross y Khedira. Y cuando vi en la misma alineación a Chucky, Chicharito y Vela, con Layún colaborándoles, pensé en la debacle. Luego el habilidoso Gallardo de lateral izquierdo, el central Salcedo de lateral por el otro lado, y Ayala de titular junto a Moreno en la central para frenar a casi los mismos que en 2014 le metieron siete a Brasil en su mundial. Pero todo funcionó. Juego perfecto (casi tanto como el que más tarde hizo Suiza para arrebatarle el empate a la pentacampeona Brasil). México venció a Alemania.
Y lo ganó bien, con ese gol de Chucky gestado desde el monumental Herrera pasando por Vela y Chicharito. Ahora envidio a todos aquellos que juzgan a los que pensaban como yo y nos dicen “haters” y malinchistas y tantos epítetos descalificatorios invitándonos a “bajarnos del barco” del triunfo del que ellos se sienten parte. Y sí, fue una hazaña. Ni más ni menos. Y hay que festejarla. No todos los días se le gana a un campeón del mundo tan dominante, y menos en un escenario así. Pero aún hay tanto camino por delante como lo había cuando los empates con Italia en las primeras rondas de 94 y 2002, o cuando la igualada con Holanda en 98 o la victoria sobre Francia en 2010 o el empate sin goles con Brasil o el triunfo contundente sobre Croacia en 2014. Entonces, como ahora, se hablaba de que cada uno de esos había sido “el mejor juego de una selección mexicana en Copas del Mundo”. Luego, ya echadas las campanas al vuelo, el maldito cuarto partido. Pero quién soy yo para advertir cualquier cosa. A mí ni me hagan caso. Como lo habrán descubierto tras la lectura de este texto, hay algo claro: No sé nada de futbol.
*El autor es colaborador de AGP Deportes.




