Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Uno de esos días. El que para muchos es el mejor jugador del mundo, tiene tardes como la de hoy. Y cuando las cosas no le van, ni de penal. Y mientras menos tiempo en el reloj, mayor su impotencia. Codazo, en la recta final del juego empatado a uno, sobre el rostro de un iraní agredido sin pena para el infractor. Se llama Cristiano Ronaldo. Y no puede quedar fuera de la fiesta. Cruce imperdible en octavos. Ya lo encontrarán los uruguayos.

Paredón. Dicen quienes han estado ahí que es como pararse frente a un pelotón. La diferencia es que el desafío, en este caso, consiste en poner el pecho a la bala, atajar el disparo, para salir con vida. Una red de fondo, en vez del paredón. Tampoco es un pelotón, sino un mano a mano: Ejecutor y víctima frente a frente. Y si el responsable de jalar del gatillo es un especialista en la materia, mucho gusto y adiós. Así Cristiano Ronaldo, el de los tres goles contra España y el del único y suficiente contra Marruecos, falló como verdugo de Irán, y por poco se convierte en el de Portugal. La selección iraní, por nada, la mete al final. Pero se va con dignidad. Ali Beiranvand, el portero de 25 años, vaya que tiene una buena historia que contar.

Irreconocible. Ramos es un león, una fiera… con Real Madrid. Con la camiseta roja, al menos en este undécimo día de mundial ruso, ni la sombra de aquel que viste de blanco. Para empezar la última jornada de la primera ronda, falta de comunicación con el virtuoso Iniesta y la cortesía es aprovechada por un marroquí. Iniesta responde con la jugada del empate español. Ramos vuelve a poner en riesgo incluso la calificación, con la jugada de la nueva ventaja iraní: mira a su rival alzarse en el área para ponerla dentro de la red. Para su suerte, Tiago Aspas y su talón aparecieron sobre la hora. Empate a dos que vale el liderato, pese al capitán español.

Porristas. Un periodista de televisión enamorado de Chicharito y hablando de Chicharito como si fuera Van Basten o Hugo Sánchez, mientras hace Facebook Lives a punto del llanto con la camiseta verde puesta, gritoneando afuera del estadio que sí se pudo y que el equipo esta vez “se dobló pero no se rompió”, o una cursilería así. Otro que tutea al técnico de la selección, a quien casi todos tratan de usted: “Oye, Juan Carlos…”, le dice, como si fuera su amigo, mientras la respuesta va acompañada de un gélido “cómo usted recordará…”, sin nombre de por medio (¿recordará su nombre?). En la otra cadena, “La Sombra de la selección”, un recitador de frases torpes, trabalenguas, chismes, todo dicho con aires de suficiencia. El futbol mexicano sobresale en Rusia. Su periodismo contrasta.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.







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