Semiconductores, la industria estratégica donde México aún busca subir de nivel

Ensenada, Baja California.- La industria de los semiconductores opera a través de una cadena de valor compleja que va desde el diseño de los chips hasta su integración en productos electrónicos. El proceso inicia con el diseño, continúa con la fabricación —la etapa más costosa y especializada— y concluye con el empaquetado, las pruebas de calidad y su incorporación en dispositivos electrónicos.
Todas estas fases requieren alta especialización y dependen de un suministro constante de materias primas. Se trata de una industria global y fragmentada, con procesos distribuidos en distintas regiones del mundo. Esta dispersión mejora la eficiencia, pero también incrementa los riesgos de interrupción ante problemas logísticos, tensiones geopolíticas o crisis sanitarias.
De acuerdo con Josué López Leyva, en México la participación dentro de esta cadena sigue siendo limitada, aunque estratégica. El país se ha posicionado principalmente en el ensamble, las pruebas y la manufactura de productos electrónicos que incorporan semiconductores, aprovechando su ubicación geográfica, su infraestructura industrial y sus acuerdos comerciales.
Sin embargo, los eslabones de mayor valor agregado, como el diseño y la fabricación de chips, representan todavía un reto importante. Para avanzar en estas áreas, será necesario fortalecer las capacidades tecnológicas, el ecosistema de innovación y la formación de talento especializado.
A corto plazo, el enfoque debe estar en consolidar los segmentos donde ya existen fortalezas, como el ensamblaje y las pruebas. Para ello, se requiere una mayor coordinación entre el sector productivo, las universidades y los centros de formación técnica, así como programas de capacitación enfocados en habilidades específicas: empaquetado de semiconductores, pruebas electrónicas, interpretación de diagramas y microensamblaje de alta precisión.
A mediano plazo, el desafío es avanzar hacia el diseño de chips y el fortalecimiento de la investigación, el desarrollo y la innovación. Esto implica impulsar competencias en programación, diseño digital y físico, verificación de sistemas y eficiencia energética, además de crear centros especializados en pruebas y desarrollo de materiales avanzados.
A largo plazo, México deberá evaluar la posibilidad de participar o colaborar en la fabricación de obleas, uno de los procesos más complejos y estratégicos de la industria. Aunque representa un reto tecnológico considerable, también abre la puerta a una mayor competitividad y valor agregado.
El crecimiento de esta industria dependerá de una visión clara y coordinada que permita fortalecer capacidades nacionales, maximizar beneficios económicos y tecnológicos, y retener talento especializado. El reto es grande, pero la oportunidad también.



