DIARIO HASTA LA FINAL (Día 8)


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
El cerrojo del Vasco
Así será en todos lados. Por un momento uno se olvida de los recitales de Mbappé, Messi, Kane y Haaland, de las grandes selecciones, para concentrarse en cómo el seleccionado de origen (en este caso el Tri) pueda trascender.
Corea del Sur, el rival de esta ocasión, ya con antecedentes de víctima en Francia 98 y Rusia 2018. Otra vez había que superar el trámite. La diferencia es que los coreanos ya tienen figuras en clubes top del mundo (a diferencia de “los nuestros”, dirían las crónicas futboleras de la televisión).
Por ello, México planteó el juego que necesitaba frente a las virtudes coreanas (que tampoco dan para apuntarlo entre los mejores dieciséis) y también frente a las carencias propias.
Tan es así que el uno por cero tuvo como figuras a puros del bloque bajo: el portero Tala, los centrales Johan y Edson, pero por sobre todos, el contención Lira.
Lo de México muy sencillo: aguantar y esperar un error. El peor escenario: que el error fuera propio. El escenario esperado de acuerdo al planteamiento: un empate para decidir todo en la jornada final. El mejor de los escenarios fue el que sucedió: un error del portero coreano, y a celebrar el liderato de grupo. Un grupo, por cierto, que difícilmente entregará tres clasificados.
Del otro lado, toque y toque, posesión, pero nada en cuanto a profundidad, hasta el susto final resuelto por la heroica doble atajada agónica del Tala. En cambio, México entregó muy poco pero más cercano a lo que habría sido el segundo gol del partido: un cabezazo de Quiñones en el primer tiempo y dos disparos que exigieron intervenciones notables del villano del partido, salidos de los zapatos derechos de Raúl y Obed (el mejor de los relevos enviados a la cancha por Aguirre).
Mención aparte merece la nobleza de la afición que sueña con un México como protagonista en lo que sea, como ganador de algo, aun cuando un gran porcentaje de los millones que siguen este asunto de cada cuatro años, sean de los que piensan que lo Sudáfrica y Corea da para aspirar al trofeo.
Así que será muy fácil pensar en la postura mexicana cuando aparezcan las potencias siempre presentes en rondas a las que México suele llegar, ya cuando la euforia que invade a los aficionados durante los primeros tres o cuatro partidos (ahora tal vez cinco o seis) se convierte en desazón y llanto cuando la cosa es de ganas o te vas.
Esto apenas comienza.




