Argentina1








Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Al que gane…

Me aventé esa que critico tanto por su falta de compromiso, de arrojo: van a ganar Francia e Inglaterra, pero quiero que la final sea entre España y Argentina. Fallé en el pronóstico (inofensivo mientras no se incurra en la adictiva práctica de meter plata en la ecuación). Atiné en el deseo (inofensivo en cualquiera de sus formas). Después de la lección de España a Francia con el dos por cero que apenas reflejó la superioridad del finalista sobre el hoy destinado a ese destierro llamado juego por el tercer lugar, llegó el momento de la batalla por el orgullo entre las selecciones representantes de dos naciones enfrentadas más allá del futbol.

Las patadas y la tensión del primer tiempo demostraron el antagonismo existente por décadas de duelos previos que en esta misma competencia han agraviado el historial de uno y de otro. El gol de Gordon a los diez del segundo tiempo, por contradictorio que parezca, no hizo más que acomodar el juego para la campeona del mundo. O mejor dicho, no hizo más que provocar que el técnico alemán de Inglaterra (suena raro, ¿no?) decidiera que con eso era suficiente para cerrar el juego con 35 minutos de tiempo regular por delante, sin considerar los alrededor de 12 otorgados de agregado.

Los argentinos olieron sangre y decidieron atacar. Los postes y el arquero Pickford evitaron que la cosa se resolviera antes. Fue hasta el 85 cuando Messi inició todo y cuando Enzo lo finalizó con el golazo del empate. Ya después del 90, otra vez Messi. El 10 lo empezó todo al rescatar un rebote proveniente del segundo intento estrellado en el palo por parte de Mac Allister; desbordó ante la marca de dos ingleses, y lo hizo de derecha, con todas las ventajas para que el recién ingresado Lautaro lo sellara con el gol de una nueva final.

No hay nada más que contar. El orgullo argentino pudo más que la cobardía del entrenador rival y con ese impulso habrá posibilidad de bicampeonato. Solo que enfrente está La Furia. Qué difícil me ha quedado todo con eso de “ganará este, pero quiero que gane el otro”. No sé a cuál irle. Gocé tanto lo del 78, el 86 y el 2022, tanto como lo del 2010. Otra gozosa disyuntiva: ver al más grande levantando la segunda, o ver a su heredero levantando la primera. En fin. Le voy a los dos. Qué felicidad.