Apuntes perdidos








Por Marco Antonio Domínguez Niebla

 

Ignominia. La columna ya empezada pero sin punto final desde la mañana. No podía rubricarla sin ese tema cuya definición llegaría hasta la tarde del miércoles, día de publicarla. La cita a las tres y media. Hora mexicana: pasadas las cuatro. Pero ha valido la pena. Algún día alguien recurrirá al material que documente la pérdida del legendario deportivo Antonio Palacios por parte de una directiva de la Liga Municipal a causa de una de sus tantas administraciones caóticas con el nombre incluido del presidente que ha caído en la ignominia. En ese mismo texto, cuando alguien recurra a la historia, encontrará un dato no menos importante: el dinero público entregado a la Liga Municipal y sus cohabitantes Marineros de Ensenada será supervisado por un patronato que administrará el ruinoso deportivo Palacios donde ni agua ni luz. Por cierto, nada en efectivo. Todo en especie.

 

Chillón. Dicen que los chillidos se escuchaban hasta afuera. Por todo Otay. Que el emisor de tales exclamaciones era el mismo quejumbroso que anda con la cola entre las patas en época de elecciones después de haber hecho y deshecho por cuatro años. Cuentan que todavía tuvo la desvergüenza de pedir la chamarra que avala, de modo tramposo, su presencia al congreso aquel del deporte federado al que nunca asistió. Después salió como escondido, gestoso, del mismo modo que anda desde hace algún tiempo tras las investigaciones que sobre él ha ordenado el máximo tribunal del deporte mexicano. Pero ya era tarde para intentar la huida y salir ileso. El sábado al filo del mediodía casi todo Baja California sabía que “el Freddy había ido a chillarle a Saúl”.

 

Tres en contra y abreviando. Su equipo no caminó. La línea de tres centrales empleada en el fondo significó un hueco de tales dimensiones que el barco Xoloitzcuintle naufragó desde la primera mitad, a cuyo término los voraces Jaguares ya ganaban 3-0. Al final, César Farías admitió que la derrota fue su responsabilidad por el parado táctico. Cinco o seis preguntas con las consiguientes respuestas, ahora cortas, tajantes. Nada que ver con el hombre cuyos audios registran entre 15 o 20 minutos cuando dedica respuestas generosas, grandilocuentes, explicando las victorias de los suyos. El viernes en Tijuana, cuando los reporteros revisaron las grabadoras, las manifestaciones de esa voz articulada y acento venezolano, apenas alcanzó los cinco minutos.

El personaje principal. Sigue igual. Y yo ya ni le insisto. Ha cumplido siete ya hace algunos meses y su gesto es el mismo cada vez que le pregunto si le gusta el futbol o si quiere jugar futbol o si le va al mismo equipo de futbol que yo. “Es que no me gusta”, reitera, incómodo, como frunciendo la naricilla en cuanto escucha esas seis letras que no le generan la más mínima emoción. Le he insistido porque yo a esa edad no soltaba la pelota para nada. Pero lo de él es otra cosa. Otra pasión que no tiene nada que ver con la pelota. Y relata con precisión cada escena de la más reciente película de animación que hemos visto juntos, tal como yo lo hacía con las formaciones de las selecciones mundialistas y los equipos mexicanos, recitadas de memoria a los mismos siete. Cierto, no puedo echarle porras en algún campo de futbol porque no quiere ser futbolista. Pero ya me preparo para la cita que le han programado sus maestros de teatro dentro de unas semanas. Las líneas ya están memorizadas y ensayadas. Igualito como yo lo hacía a su edad pateando la pelota una y otra vez hasta meterla la mayor cantidad de veces en ese pasamanos del parque frente a la escuela, o sentado como poseído frente al televisor repasando los nombres de los veintidós tipos formados dentro del rectángulo verde. Y ya preparo mis mejores palmadas para que suenen fuerte cuando salga en escena la “rata ciega”. De acuerdo al texto se trata de uno de los personajes secundarios de la puesta en escena infantil: “Hoy es un buen día”. Para mí, no. Para mí es el principal. Y es que lo encarnará ese chiquillo que me salió aprendiz de artista, no aprendiz de futbolista.