A primera vista es fácil identificar en él a un tipo tranquilo, pacífico. Pero después de la primera charla, aparece el hombre de lucha que hace honor a su apellido revolucionario. Es común verlo por las calles de la ciudad desde hace más de veinte años, siempre a pie, siempre incansable, siempre fresco, con una expresión de amabilidad coronada por su característica sonrisa. Por aquellos días, medio de comunicación que descubría, medio de comunicación a cuya redacción se presentaba con sus programaciones y resultados, todo descrito por medio de garabatos que los reporteros y conductores, a fuerza de costumbre, aprendieron a descifrar. De inmediato, su capacidad y constancia lo distinguieron del resto de los promotores. Su dedicación era tal que hasta la casa de los reporteros llegaba a entregar las noticias frescas de su trabajo. Pronto fue común leer en la prensa escrita o escuchar por la radio o ver por la televisión las novedades de la Liga de Basquetbol de la Colonia Hidalgo. Desde un inicio, en las canchas al aire libre, bajo el calor o la lluvia, él controlaba todo durante las extenuantes jornadas: cobro de inscripciones, sanciones, programación y hasta el arbitraje. Con una camiseta metida entre la gorra y la cabeza, a modo de turbante para cubrir la piel de los rayos del sol, se convirtió en el personaje central de los sábados y los domingos en las dos canchas que resultaban insuficientes para desahogar la demanda de basquetbolistas de todas las edades, desde infantiles hasta veteranos, deseosos participar en sus torneos. Como todos los que hablan fuerte, los que dicen sus verdades sin reparos, lleva consigo la etiqueta de hombre polémico, de eterno inconforme, un denunciante permanente de supuestos complots en su contra orquestados por políticos, directivos y hasta medios de comunicación. Esa manera de ser, sin embargo, lo llevó a emprender la gestión de un gimnasio que después de muchos años se construyó para que sus afiliados ya no estuvieran expuestos a los caprichos del clima. Esa misma manera de ser, también, lo ha convertido en un hombre de decisiones firmes, de convicciones. Jesús Zapata no da segundas oportunidades. Cuando alguien se le sale, se le sale para siempre. Por lo mismo, su liga, con el paso del tiempo, ha cambiado, ya no es la misma de antes. Pero él sigue igual, congruente con sus ideales, recorriendo las calles de la ciudad con el mismo semblante amable, aunque sus escalas, desgraciadamente, ya no toquen todas las redacciones de la ciudad.

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