MARCO DEPORTIVO :: La puerta de la terminal

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Antes de marcharte, levantaste tu mano en señal de adiós. Ibas feliz, tu sonrisa lo decía todo. Terminaste un curso demandante y saliste adelante con notas extraordinarias que me convierten en el hombre más dichoso del mundo. Eres la hija que siempre soné. Eres la niña de mis ojos. Mi amor. Mi todo. Cómo impedir tu marcha, si eres excepcional. Tu luz es requerida por tanta gente que te quiere, cada periodo vacacional. Así que recién finalizadas las clases, es momento de viajar. Tu abuela demanda tu presencia y yo no puedo ser tan egoísta para impedirlo. Entiendo todo, de verdad que lo entiendo y ya debería estar acostumbrado. Pero desde el jueves que te fuiste las cosas no andan igual por acá. Te extraño tanto que estás en cada pensamiento, en cada recuerdo de las cosas que compartimos a diario. Eres mi pequeña cómplice, mi complemento. Caminar a solas por las calles de la ciudad resulta una práctica estéril, vacía. No sabes cuánta falta haces aquí. Te imagino feliz jugando con tus amiguitas de Guadalajara, quienes te conocieron por unos días el año pasado y ahora te esperan como si fueras una compañera de toda la vida. Así de mágica eres, así de orgulloso me haces sentir. Pero no debo llamarte a diario. Debo soportar la tentación de tomar el teléfono, aunque me muera por hacerlo. Tú estás descansando de las tareas, de las levantadas temprano, de las exigencias de papá y mamá, de todo lo que conlleva la disciplina de una niña que ha finalizado segundo año de primaria. Trato de concentrarme, pensando que el trabajo ayuda. La selección ganó, goleó y gustó, la jornada dominical fue rica en información: paseo atlético multitudinario, finales de futbol infantil, beisbol por todos lados. La sección deportiva del lunes saldrá redonda. El equipo formado junto a Ángel (tu tío), Alejandro (tu padrino) y Gabriel (GGG, como tú le dices) está cada vez más consolidado. Trabajo en familia, entre amigos. Tendría que estar feliz, pero no lo estoy. Y eso que apenas hace cuatro días cruzaste la puerta de la terminal del aeropuerto. Eres una niña de sólo siete años y tal vez todavía no entiendas la ruina que provoca tu partida. Ignoro si soy un buen padre o un padre mediocre o un mal padre. Sólo sé que lo que más deseo es volver a verte por la puerta de esa terminal, pero no levantado tu mano en señal de adiós, sino corriendo a abrazarme y diciéndome que me extrañaste tanto como yo a ti.

mdominguez@elvigia.net

md_niebla@hotmail.com







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