Marco Deportivo :: Regalador de emociones

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Todas las miradas buscando el carril tres desde que se anunció el nombre de su ocupante: el mexicano.

Los aplausos, provenientes del graderío ubicado en la moderna alberca construida exclusivamente para los Juegos Panamericanos de Guadalajara, estallaron cuando la toma de la televisión se detuvo en el tercer turno del desfile de dorsos moldeados por días enteros de sacrificio.

“Que no se rezague del grupo líder, porque después será muy difícil que recupere terreno, tiene que aguantar y cerrar fuerte”, advertían los narradores de la transmisión televisiva mientras se desarrollaba el arranque de la agotadora prueba consistente en recorrer la alberca de 50 metros de largo, ida y vuelta, hasta completar los mil 500.

Y el de casa no se rezagó, por el contrario, luchó de tú a tú con los dos favoritos, al grado de que su nombre, durante la primera parte de la carrera, apareció entre los tres primeros, ahí pegadito al par de líderes, en las actualizaciones publicadas después de cada vuelta.

“Qué coraje, qué garra, qué demostración de este chico que puede soñar con Juegos Olímpicos”, vociferaba, emocionado, entre afonía y la euforia, el profe Nelson Vargas, especialista en la materia.

Pero sólo era cuestión de tiempo para que las dos cabezas adornadas por las barras y las estrellas empezaran a poner las cosas en su sitio.

De repente, las dos cabelleras rubias, cubiertas por los “Speedo” de latex, despuntaron del resto con su habitual suficiencia, manifestada en brazadas poderosas que limitaban la disputa por el oro y la plata a cosa de dos.

Entonces, el mexicano dejó de pensar en los de enfrente para ocuparse del que veía atrás, cada vez a menor distancia.

La gorra celeste portada por un viejo lobo de alberca, de repente, empezó a ganar terreno, ya convertida en la principal amenaza del aguerrido nadador de casa.

El bronce quedó a la deriva, al igual que el oro, reducido a asunto de dos: los nadadores de México y Argentina, enfrascados en una lucha sin tregua por el tercer lugar.

En la recta final, sin embargo, el sudamericano tomó una ventaja definitiva: cuatro segundos sobre el mexicano como tercer lugar de la prueba, sólo superado por los dos norteamericanos.

Sobre el podio, al concluir el evento, se levantaron las tres banderas triunfantes: dos de Estados Unidos y una de Argentina.

La de México, por muy poco, quedó al margen… por lo pronto.

Arturo Pérez Vertti, el nadador descubierto por el profe Guillermo López y pulido por los hermanos Fernández Pinto, es el cuarto mejor nadador del continente en los mil 500 metros, apenas superando la mayoría de edad.

En Ensenada, su tierra natal, tenemos garantizadas, para rato, emociones como la del martes pasado en los Juegos Panamericanos.

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